126

Por Mariu Carreras

Para una inmensa mayoría de nuestro pueblo la actualidad es sinónimo de ‘malas noticias’. Todos los días nos enteramos y vivimos angustiantes novedades. Nos parte el corazón conocer más y más despidos, atropellos, injusticias, represión, mentiras e hipocrecía organizada desde el gobierno. Son tiempos duros nos decimos. Si embargo, y mal que les pese a todos los que llevan adelante este plan de empobrecimiento del país, más allá de la impunidad con que se mueven creyéndose eternos, a pesar de la desaparición forzada y muerte de Santiago Maldonado, del crimen de Rafael Nahuel, de la persecusión al pueblo Mapuche,de las falsedades con que tapan el hundimiento de un buque con 44 personas a bordo, de las detenciones de ex funcionarios basados en órdenes de jueces que responden a este poder político y, sobre todo, del odio que van sembrando y legitimando en los que olvidan su origen humano; a pesar de todo eso y mucho más, digo, la vida se impone. De manera rotunda, con esfuerzos titánicos por sobrevivir, del modo más increíble y por los caminos más inesperados, pero se impone. La vida siempre se impone.

Esto es exactamente lo que estamos viviendo con la ‘aparición’ de la nieta 126 Adriana Garnier Ortonali. Y no puedo dejar de pensar en esas testarudas plantitas que crecen me medio del asfalto, en esas ramas que vuelven a brotar cuando los árboles han sido talados. Pienso en la vida, en su potencia y reconozco que la determinación que tomamos hace muchos años de elegir siempre la vida, de alejarnos del odio y la mentira, de caminar con dignidad humana buscando hoy y siempre Verdad y Justicia, es lo que nos permite vivir en este dramático presente la aparición con vida de una niña que estuvo desaparecida toda su vida.

Adriana Garnier Ortolani recupera su identidad, su historia, su familia y todos nosotros con ella también recuperamos la nuestra. Así comprendemos lo fundamental de este instante terrible de nuestra historia: nos duele en el alma lo que nos están haciendo en cada perseguido, en tanta injusticia, en cada trabajador que queda en la calle, en cada muerte ordenada desde el estado porque somos un pueblo de seres humanos. Y nos conmueve la aparición de la nieta 126 con su bella sonrisa y su infinita alegría porque nuestro cuerpo se conforma con el cuerpo de todos. Su historia es la nuestra y en ella captamos la potencia imparable de la vida. Ya sabemos por propia experiencia que después de la más oscura noche amanece. Y no amanece sin esfuerzo, sin la testarudez de las pequeñas plantitas, sin recorrer cada tramo del camino aunque sea doloroso. Amanece con esfuerzo, con determinación, con la alegría que se nos puede escurrir pero que podemos rescatar porque nuestra historia es de lucha y resistencia, de esperanza real prendida en el alma por 30.000 compañeros y compañeras que fortalecen nuestros pasos. Por lo tanto y reconociendo que más temprano que tarde la vida se impone decimos: ¡Bienvenida Adriana Garnier Ortonali, Nieta 126!

(Aclaración Editorial de La Mosquitera: al momento de escribir esta nota, aún no se conocía la aparición de la nieta 127)

 

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