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NOTA DE OPINIÓN: REPENSAR A FRIDA KAHLO EN MEDIO DE LA CUARENTENA

Vamos a leer, sentencio con voz clara a uno de mis hijos, ahuyentando las pantallas en medio del aislamiento obligatorio dispuesto por el gobierno de Argentina –  como casi en todo el mundo- por la pandemia del coronavirus. Tomo uno de las tantas biografías de Frida, que se albergan en un mueble del living, entre tantos objetos que representan un altar en su honor, impertérrito como si fuera a Buda.
La elección fue aleatoria. O al menos no reconozco intención en esa decisión. Comienzo a recorrer las páginas desde su nacimiento, su pierna corta y consecuente renguera a los seis años. Caetano, mi hijo que hasta ese momento exigía unos minutos más de juegos de play, hace silencio atento. Frida y su ingeniosa vestimenta de varón cuando el padre la retrataba junto a sus hermanas. Frida y el viaje en autobús que terminó en un choque que la dejó quietecita en su cama de sábanas de tedio. Fue entonces el tiempo de los mil colores y los autorretratos para vivir cada minuto como si estuviera de pie. Frida, Diego, el amor libre y la poligamia en épocas de mandatos feroces sobre las mujeres. Frida y extrañar a su México mientras residía Estados Unidos: amar a su pueblo, la comida caliente y picante, las tradiciones como talismanes. Frida y la tragedia de los abortos espontáneos que dolieron hasta hacer chorrear de sangre su corazón. Frida y sus pasos cansinos por las calles en defensa de la clase obrera, usando su débil cuerpo como estandarte. Frida y la muerte que sólo fue un segundo, o un tercer nacimiento.
En épocas de cuarentena, donde surgen gurúes, consejos, incertidumbres, y la información va y viene veloz como un tren bala, la figura de Frida es, quizás una llave que abre las posibilidades de poder reinventarse. La luz violeta del relámpago. Saber que podemos pintar nuestros propios mundos, nuestros propios cuartos y habitarlos con todo lo que somos. Frida puede ser también un llamado a volvernos otra vez comunidades porque a pesar de ser una figura solitaria- en su cama, postrada, en su espera del Diego que no llega-, no se salva sola. Se siente parte de las clases populares, a las que prefiere ante los lujos que se le presentan. La rebeldía y la libertad son sus banderas.
¿Para qué queremos pies si tenemos alas? ¿Será momento de desplegarlas para caminar- volar- junto a nuestros pares como manera de resistencia frente a los mecanismos de control que el sistema capitalista en esta nueva fase refleja? ¿ Serán tiempos de organización colectiva para crearnos nuevos espacios y mundos donde vivir cuando la pandemia acabe y en el mientras tanto? O al menos, será Frida un personaje para relatarles a los niños y a las niñas, para que cuando sean personas adultas, las memorias de la pandemia huelan a la mujer mariposa repleta de flores.

 

 

Laura Fiochetta

 

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