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¿MA, ME COMPRÁS?

Por: Florencia López y Valeria Sol Marchan, docentes

Si hay exigencias y demandas en la vida cotidiana de las familias, son esas que los chicos realizan casi automatizados cada vez que una fecha especial se acerca, y ¡ojo! que no son “pedidos” o “deseos”, son más bien sentencias que hacen a sus padres, cual verdugos que amenazan con un escándalo en el medio de la calle o con el fantasma de la frustración. Llega el día del niño y: “ma, yo quiero…” ; “cuando llegue Papá Noel le voy a pedir…” ; “¿para mi cumple me comprás….?”; pasamos por delante del quiosco y “¡ma comprame…!”

La realidad de consumo en la que estamos inmersos no deja de lado a la niñez, todo un mercado diseñado, preparado, orquestado para que los chicos de hoy vayan adaptándose y evolucionando hacia la desesperada necesidad de comprar-tener. Dentro de sus estrategias, el mercado super, archi avalado por nuestra sociedad de consumo canta “quiero vale cuatro” con el ancho de espada en la mano y propone entretenimiento para niños, adultizándolos.

Spa para niñas es la última tendencia de la moda en los cumpleaños de las chicas, y volvemos a decir ¡ojo! porque no estamos hablando ni de adolescentes, estamos hablando de infantas menores a 11 años. Concursos de belleza, limpiezas de cutis, pepinos en los párpados, cada una con sus pantuflas y batas,……”para que las nenas se diviertan, se sientan grandes y más femeninas” (por citar sólo una justificación de un/a dueño/a de un spa), como si fuera poco ya regalarle la escoba, la planchita y la cocinita… todo color rosa.

No sólo adultizamos al niño que mandamos a trabajar o lo enfrentamos a situaciones adultas, esta manera de “hacerlos jugar” tiene poco de niñez, y esconde una perversidad espantosa; construye el estereotipo de mujer o de hombre del que vivimos renegando, pero que aplaudimos cuando la TV los expone en programas o propagandas publicitarias. Hacerlos parte del mercado lo antes posible y enfrentarlos a la vida adulta, es el objetivo, cuanto antes mejor.

Pero ¿qué pasa cuando los chicos juegan por propia iniciativa a ser grandes? Las nuevas maneras de ser y estar de los niños en nuestro mundo contemporáneo comprenden el modo en que construyen identidad; por eso el desafío de los padres probablemente sea acompañarlos y ayudarlos a entender el hoy y el ahora tan cargado frívolamente de objetos materiales que provocan esa frágil sensación de felicidad. Este modelo es publicitado por la televisión y a veces reproducido sin querer por los propios padres, pero, cómo escaparle a la caja boba en los tiempos que corren. Los padres y educadores entonces debemos prepararnos para educar a los niños en el consumo para que puedan pensar y elegir con libertad a través de un acompañamiento y trabajo crítico y constructivo, para protegerlos y ayudarlos a crecer.

Muchos autores consideran a la infancia como una construcción histórica, social y cultural. Es decir el resultado de un conjunto de ideas, valores y maneras de actuar propias de una época. Entonces, ¿qué estamos haciendo de la niñez cuando no nos detenemos a reflexionar sobre estas cuestiones y tomamos de manera muy naturalizada y a veces hasta graciosa, las formas lúdicas que la vida moderna de los adultos propone a la infancia?

Agosto, mes de la niñez, nos invita a reflexionar sobre la manera en que nos relacionamos con nuestros hijos, sobrinos, alumnos y a pensar el rol de adultos que ejercemos en sus vidas. No queremos atravesar esa delgada línea entre lo que damos y no, lo que permitimos y lo que no, en el espacio y tiempo vital de los chicos; pero a veces esa línea se hace invisible y la vida cotidiana nos obliga a estar a veces de un lado y a veces del otro. El oficio de ser papá y ser mamá exige lentes 3D….. y pochoclo gigante con balde decorado con los dibujitos de la peli, recargable, más 2 gaseosas chicas.

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