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LO EFÍMERO EN VENDIMIA I

Por Mónica Pacheco

El concepto mismo de fiesta encierra la idea de efímero, el fuego que se enciende tan sólo por una noche y se apaga con la luz del sol, algo que dura sólo un tiempo y prontamente se disipa. En ese lapso, mientras dura la fiesta: instante, noche o días, se pone entre paréntesis parte de lo que somos y de lo que hacemos en la vida cotidiana.  Pasada la fiesta, canta Serrat “vuelve pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas” y no podemos comprender cómo “gente de cien mil raleas” hemos sido capaces de compartir “su pan, su tortilla y su gabán” en medio de tal ensueño que sólo tiene lugar en tiempo de fiesta.

La Fiesta de la Vendimia no escapa de estas ideas y, pasado el tiempo de fiesta, parecen desaparecer, problemas que se reiteran año tras año como si jamás hubieran sucedido. Por lo grave de los acontecimientos acaecidos en 2017, resulta indispensable seguir reflexionando.

La Fiesta de la Vendimia 2017, va a ser recordada principalmente por los duros golpes contra los artistas en particular y el franco atentado contra la vida de toda la comunidad.

En esta oportunidad nos referiremos  a la Vendimia de la Ciudad de Mendoza que debería haber tenido lugar el 24 de febrero.

El resultado caótico de la fiesta no se debió sólo a uno o más accidentes, sino a la cadena de irresponsabilidades, falta de previsión y negligencia manifiesta de las instituciones participantes (representadas por funcionarios a cargo) que pusieron en peligro la vida humana. Algo peor que eso, si es que lo hay, se trata de obstaculizar el develamiento de las verdades que quedan detrás de mantos oscuros que tejen a dos agujas los distintos grupos políticos, los que representan las autoridades y la oposición que ellas mismas ubican en una sola bolsa. La metáfora de las dos agujas se convierte en algo literal cuando se queda en medio de los pinchazos mutuos.

En primer lugar debemos sostener que las irresponsabilidades y negligencias por parte de las instituciones son principales causales del desastre, contexto en el que no debemos considerar jamás como factor atenuante el hecho de que la precariedad persista desde hace muchos años. Es cierto que el tiempo hace que lo inseguro y precario se cristalice, razón por la que los artistas casi hemos naturalizado tales problemas, de tal modo que somos sometidos una y otra vez a actuar en frágiles estructuras que carecen de mínimas medidas de seguridad y por poco dinero.

Tampoco podemos atribuir la totalidad de los hechos acaecidos a los accidentes (climáticos o de otra naturaleza) tal como hicieron públicamente el Intendente de la Ciudad y el Secretario de Extensión de la UNCuyo, ya que si hubiera habido precaución y cuidado responsable, no se hubieran producido los atentados a la vida humana a los que nos hemos referido.

Ambos factores se sumaron en 2017 para provocar el desastre.

La Vendimia de la Ciudad articuló dos instituciones: Universidad Nacional de Cuyo y Municipalidad de Mendoza. Alianzas que supieron tener otros sentidos y propósitos en el pasado, ya que trascienden por mucho de las fiestas efímeras, tales como conseguir resultados conjuntos como producto del vínculo de saberes universitarios y comunitarios, logrando producciones (tangibles e intangibles). Éstas se han valorado y ponderado históricamente, en la medida en que se arraigan profundamente en los espacios educativos universitarios, intención que permite integrar en tareas comunitarias a estudiantes, profesores y demás actores  universitarios, poniendo en acción y en tensión el desarrollo de contenidos de cátedras, transferencia de investigación o extensión. Tales vínculos, que no se realizaron en el desarrollo de la fiesta de la Ciudad, resultan importantes, beneficiosos e indispensables, como parte de la devolución que debe desarrollar la universidad a la comunidad que la sostiene. Esto último pone de manifiesto el sentido profundo que la universidad pública y gratuita tiene, o debería tener, en cuanto a su calidad académica y compromiso social. Por eso nos preguntamos qué sentido tiene que la universidad pública se convierta en una agencia productora de eventos y exponga, a sus organismos artísticos y a la comunidad toda, a semejante e improvisado show desligado por completo de lo académico y de la investigación que sobre vendimia se desarrolla en su seno. Más aún, a espaldas del Consejo Superior, que no tuvo participación alguna, y de la Facultad de Artes y Diseño que publicó en medios masivos (la mañana anterior a la catástrofe) “la Facultad no participa en la Vendimia de Capital prevista para esta noche (…) no tiene relación con la organización de la Vendimia Reflejos de mi Ciudad, ni tampoco participan institucionalmente sus docentes, personal de apoyo, estudiantes, egresados y egresadas”. No sabemos qué se propone la Secretaría de Extensión de la UNCuyo, pero éste y múltiples hechos anteriores muestran que no existe articulación entre esta Secretaría y las Facultades de la UNCuyo, tanto la desvinculación con los espacios educativos a los que se debe, como la superficialidad con la que asume los conceptos de  “educación”, “arte” y “cultura”.

Como ha ocurrido en oportunidades anteriores se incluyó al Consejo Superior de la UNCuyo (el que debería ser co – gobierno de la Universidad) a través de una Comisión encargada de analizar los hechos sucedidos, recién sobre la leche derramada, a posteriori de aquel día que pasará a la historia como uno de los más nefastos para la comunidad mendocina. En el seno de esta Comisión se analizaron los hechos acaecidos y las posibles responsabilidades. Se pudo observar que el equipo de técnicos que se hicieron cargo de la Vendimia de la Ciudad se equivocó, lo cual fue admitido por ellos mismos. Tales equivocaciones dan cuenta de su escasa preparación para abordar la colosal tarea de llevar adelante semejante fiesta sin la experticia necesaria, ya que los músicos, diseñadores, escenógrafos y demás artistas eran los mismos que debían ocuparse de la cadena de responsabilidades organizativas en las que se apoyaba nada más y nada menos que la seguridad. Tal es así que el director de la orquesta, además de su complejo rol, era quien debía dar la orden de suspensión sin estar conectado con todos los artistas. Este y otros errores dejan en claro la inexperiencia de quienes intentaron organizar la fiesta, así como la ausencia completa de otro equipo organizativo fundamental en vendimia, que debería haber sido contemplado por quienes siendo Diseñadores o Músicos creen que saben de gestión.

A pesar todos los estudios sobre gestión cultural que existen en la universidad, muchos consejeros superiores y autoridades continúan expresando que es lo mismo organizar una Fiesta de la Vendimia que una muestra de elencos artísticos en el lago, o sugieren públicamente que los músicos debían correr por sus vidas y dejar los instrumentos en el escenario. La única respuesta es que esa supuesta “irracionalidad” característica con la que algunos ingenieros tiñen a los artistas no nos permite abandonar jamás nuestro instrumento porque, tal como nuestro cuerpo, forma parte de nuestra identidad.

Hoy tenemos, más que nunca, la responsabilidad de escuchar todas las voces de este entramado social, pero estas voces se manifiestan por canales distintos. Mientras los discursos de las autoridades (Intendente de la Ciudad de Mendoza, Secretario de Extensión de la Universidad) suenan amplificados en los medios masivos (diarios, noticieros y otros espacios de comunicación hegemónicos), las voces de los artistas se hacen oír débilmente a través de canales alternativos (redes sociales, radios y revistas comunitarias).

Prof. Mónica Pacheco

Magister en Arte Latinoamericano

UNIVERSIDAD NACIONAL DE CUYO

Segunda parte de la Nota

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