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SEGUIMOS ANALIZANDO EL PRESENTE: LA SENTENCIA

Por Mariu Carreras

Es enorme la cantidad de gente que viene llegando a la esquina de España y Pedro Molina en la ciudad de Mendoza esta tarde del 26 de Julio del 2017. El edificio de Tribunales Federales está rodeado de miembros de la Policía Federal. En el espacio de la derecha se encuentran los compañeros de La Mosquitera, radio comunitaria que nos acompaña desde siempre. Hay medios de comunicación de todas partes. Sobre la izquierda de ese descanso, entre las dos escalinatas un improvisado escenario donde Nino Bonoldi, nuestro hermano y compañero de Familiares hace de anfitrión y prepara ‘la previa’ con gran entusiasmo.

Los carteles de H.I.J.O.S, las pancartas de los compañeros desaparecidos, las banderas de Ex Presos y Ex Presas políticas, de Madres de Plaza de Mayo, de Familiares de Detenidos Desaparecidos y agrupaciones políticas van cubriendo la zona.

Hay un clima muy especial. No es una convocatoria como otras porque la realidad que estamos viviendo con este gobierno neoliberal a ultranza nos ubica, una vez más, en la exigencia del cumplimiento de Verdad y Justicia. Algunos temen por el resultado de una sentencia que venimos esperando desde hace más de tres años.

En esta ‘previa’ se multiplican los encuentros, abrazos, miradas que expresan la gran, intensa expectativa.  En este día conoceremos la sentencia no sólo a los policías, penitenciarios y militares sino también a los 4 jueces federales que han estado sentados en el banquillo de los acusados durante estos años.

La zona es un mar de miles de personas. La calle España por donde pasan cientos de micros diariamente está cortada. En este día desde las escalinatas sólo se ve ese mar de gente con sus pañuelos blancos y el sagrado número impreso ‘Son 30.000’. Desde donde estamos, sin poder soltarnos de las manos con Dede Bonoldi, se distinguen los rostros sonrientes y firmes de nuestros queridos compañeros y compañeras desaparecidos, sostenidos por manos que retoman su lucha. Veo que la pancarta de Ruben Bravo, se traslada en medio de ese mar y no logro ver quién lo sostiene. Recorre todo el frente de Tribunales y en un claro del tremendo gentío veo a Valentino, nuestro nieto de casi tres años que lo lleva. Veo esos rostros tan amados, los que durante tantos años quisieron ocultar, los que aún hoy, 40 años después de sus desapariciones forzadas aquellos que defienden el genocidio tratan de cubrir con mentiras y distingo en sus miradas que la Vida es invencible.

Los cantores populares acompañan en esta ‘previa’; las adhesiones llegan de todos los rincones; la pantalla gigante muestra el interior de la sala de audiencias donde observamos la llegada de nuestros abogados  querellantes, los abogados de los imputados, los que escucharán la sentencia en el recinto y que son los testigos de las causas tratadas, como también los familiares de los acusados.

Estamos todos: los que se ven y los que no se ven; los que fuimos víctimas de los genocidas y los que cometieron las peores atrocidades del terrorismo de estado; estamos a la espera de la sentencia que marcará la vida de cada uno de nosotros y de toda la sociedad.

De pronto se apagan las voces, los cantos y la ubicación de los jueces del tribunal en la sala de audiencias que observamos en pantalla tiene lugar. Comienza la lectura de la sentencia tan esperada. La tensión se siente en todo el cuerpo. Las primeras condenas desatan las gargantas en gritos de aprobación. El ‘Presente’ a los compañeros desaparecidos es un grito cargado de emoción. Y llega, finalmente la sentencia a los 4 jueces. Entonces la intensidad casi es intolerable; es una estampida de energía cuando esos nombres: Romano, Miret (fallecido en el día de hoy), Petra Recabarren y Carrizo, reciben la condena de ‘cadena perpetua’.

En un espacio sin tiempo ha quedado nuestra alma. En un espacio donde hace cuarenta años estos señores lograron ascender al más alto lugar del poder cuando entregaron al suplicio, a la desaparición forzada, a la muerte robada a  nuestros seres queridos. Permitieron los peores crímenes, el robo de nuestros niños nacidos en el cautiverio de sus madres, luego asesinadas a cambio de las prebendas que recibieron, a cambio de dinero, de ‘ascenso en la escala social’. Estos jueces jamás respondieron al pedido aterrorizado de nuestros padres que presentaron cientos de habeas corpus para conocer el paradero y la suerte de sus hijos e hijas. La respuesta que nos daban sin mirarnos estaba colgada en un papel en un gancho de carnicería de donde los desprendíamos para enterarnos que debíamos pagar ‘costas’, que no se podía investigar porque no teníamos el nombre de los secuestradores. Estos jueces que fueron vistos en los centros clandestinos de detención, que saben mucho más de lo que callaron, que no solo no cumplieron con su deber de jueces, de defendernos, sino que formaron parte activa del poder terrorista recibieron la condena a ‘cadena perpetua’.

Hoy, en este día tan esperado, el Tribunal Federal Oral, en las personas de los jueces Piña, Gonzalez Macía, Fourcade y Cortéz la espada de la Justicia llegó a la cueva donde anidó su huevo la serpiente. Hoy lo desbarató la Justicia con una sentencia. Hoy la impunidad de quienes se creyeron poderosos para siempre fue demolida frente a miles de mendocinos sentando un precedente que marca un hito imborrable.

Es posible que en medio del diario acontecer donde todo son noticias nefastas para trabajadores que pierden sus puestos, jóvenes, niños, ancianos, familias que sufrimos el asalto de este gobierno neoliberal a nuestros derechos, el valor de esta sentencia se vea opacado. Sin embargo, en la lucha de los pueblos por su liberación, en la historia de los que trabajamos por un mundo más justo para todos, esta condena ejemplificadora nos abre a una etapa nueva. Los pasos hacia la Verdad y la Justicia no son ni grandes ni pequeños. Son los pasos necesarios para alcanzar estos espacios donde reside la fuerza de la Vida.

 

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