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QUE EL SILENCIO ELECTORAL ESTALLE

Hoy, 22 de octubre de 2017, como sociedad estamos nuevamente dando testimonio ante una de las expresiones de la democracia que tanto dolor y sangre nos valió… una democracia joven pero no por eso inmadura aunque nos topemos una y otra vez con esas piedras que intentan frenar los pasos de un pueblo libre y soberano. Escribimos nuestra historia, lentamente, superando muchas embestidas, ganando las calles cuando la bronca y la impotencia se hacen inadmisibles, cuando la necesidad de aquella o aquel que está a nuestro lado deja de sernos indiferentes, cuando saltamos del charco individual para sumarnos a un sueño colectivo, ese que reconoce nuestros errores, nuestras contradicciones pero que no duda en avanzar y defender aquello por lo que lucharon nuestras mujeres y nuestros hombres: las banderas de una sociedad igualitaria, inclusiva, con compromiso social, con respeto hacia la diversidad en la que vivimos y somos parte.

Hoy, volvemos a estar ante un hecho de civismo, con la posibilidad de hablarles directamente a quienes deberán trabajar y bregar  por todas y cada una de las banderas que sostenemos; que deberán hacer valer una banca ante la mirada cada vez más atenta de sus representados y representadas, para que sepan que desde ese lugar al que llegan por el voto popular no les da impunidad para retroceder en sus promesas, y menos en nuestros derechos.

Hoy, 22 de octubre, votamos en el día que por nuestras Abuelas de Plaza de Mayo conmemoramos el Día Nacional del Derecho a la Identidad; instituido así desde 2004 en homenaje a las Abuelas de mayo y su lucha por recuperar nietos/as apropiados durante la última dictadura cívico-eclesisática-económica-militar. Un marco por demás imponente, de inevitable respeto y compromiso, sintiendo la mirada de esas mujeres que aún buscan a 400 niños y niñas – hoy adultas/os- que nacieron durante el cautiverio de sus madres en centros clandestinos de detención.

Hoy, lo que debiera ser una fiesta cívica se desarrolla con una inevitable tristeza y un profundo dolor tras conocer la muerte de Santiago Maldonado. Nos seguiremos preguntando qué pasó con él, dónde están sus responsables, quiénes asumirán las responsabilidades políticas tras el desatino y la crueldad con la que actuaron y omitieron para jugar con la desidia, y el terror de aquellos años a los que ya dijimos y no nos cansaremos de decirle nunca más.

Estamos ante un hecho político de trascendencia para nuestra vida democrática; como todo hecho político en el que debemos poner el cuerpo con seriedad y compromiso, como todos y cada uno de los actos políticos que realizamos en nuestra vida cotidiana desde que decidimos ponernos en pie y salir a la calle para ganarnos pan y para que todas y todos ganemos. Todas nuestras decisiones son hechos políticos, nos marcan, nos fortalecen y van marcando el camino… que nada atormente esa idea, ni intente descalificarla, menos si esos intentos provienen de quienes dedican su vida a la política y en función de sus actos y dichos debieran enaltecerla.

Que la veda política no se extienda más allá de lo que por ley está establecida; que el silencio electoral estalle en un grito de júbilo al final de esta jornada, y que podamos descansar con la tranquilidad de saber que mañana seguiremos luchando por defender nuestra democracia. Cualquiera sea el resultado, sabemos que por este camino no daremos ni un paso atrás.

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