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CALEIDOSCOPIO: FERNANDO ROSAS, DE BUENA MADERA

Mirando por el Caleidoscopio (columna cultural del programa editorial La Diaria) aparece la figura de Fernando Rosas y así sus diferentes facetas: escultor, pintor, creador de las tapas mosquiteras, artista plástico, vecino, amigo de la casa, … y con esa ductilidad se desarrolla la charla: rompiendo con lo establecido con naturalidad y descontracturas, conjugando lo profundo con la gracia sin transformarlos en opuestos.

De esa manera no va relatando su camino… y el encuentro con el arte que se produce casi como en juego.

“La relación con el arte directamente viene de mi viejo (Roberto Rosas);  el arte me empieza a significar algo cuando mi viejo vive en ese ámbito el cien por ciento de su tiempo; mi vieja era empleada bancaria,y ya no estaban juntos… y yo lo visitaba una vez por semana y era como una especie de casa del demonio: había 150 esculturas,  había olor extraño, mi viejo era bastante particular y desde ahí, al poco tiempo empecé a naturalizar ese ambiente… y a pesar de eso, nunca pensé que yo iba a ser artista plástico”, recuerda Fernando hasta toparse con aquel recuerdo que quizás lo definió de esa manera: “Una vez me pasó que vi el libro de un pintor que me gusta mucho, Corot, – Jean Baptiste Camille, pintor francés de paisajes- y había unas acuarelas, unos pinceles y me puse a copiar unos arbolitos y evidentemente algo me pasó porque después no pude parar”.

El humor y la sensibilidad danzan en vaivén en las palabras de Rosas, de esa manera aparecen sus recuerdos, sus pensamientos y las reflexiones que acompañan su vida. “Siempre digo que he tenido tres nacimientos: el del 23 de abril de 1976 cuando nací; cuando entre a la escuela Provincial de Bellas Artes y cuando conocí a mis amigos en el año 2000 que son (Guillermo) Rigattieri, (Gabriel) Fernández, (Julio) Melto y (Federico) Ceconato que me ayudaron a nacer de nuevo, me ayudaron a deducir mejores cosas, a pensar más profundamente, a incorporar la duda como sistema operativo”.

El Bermejo y el arte guardan un intenso vínculo, y en él se graba sin dudas el sello de Rosas. “Mi viejo fue el primer – y no sé si el único- taller inaugurado oficialmente en Bermejo porque ya estaba Luis Quesada, pero nunca inauguró el taller de manera oficial en el 93”, recuerda Fernando y agrega: “Siempre se alojó en Bermejo el sueño de volverlo un polo cultural y ahora me parece que es un polo extremadamente interesante de producción barrial, artística, artesanal, musical”.

Desde los orígenes, Fernando Rosas traza el diseño de tapa de La Mosquitera, cada número un mensaje… el lugar donde se junta el arte con el hecho político.  “Llevaba un año la revista barrial La Mosquitera cuando me convidan a formar parte de ella, yo ya ilustraba, el primer ejemplar apareció con una mía, y ahí quedé pegado… y La Mosquitera es gestión barrial, es política barrial que es algo que yo no ejerzo en otros ámbitos de mi vida. Hemos pasado por muchísimas etapas en La Mosquitera, han pasado muchas cosas y todas me han enseñado muchísimo. Yo me considero un sujeto político porque participo en La Mosquitera y eso me ha dado una posibilidad de realizar cosas desde el barrio”.

E inevitable se hace hablar sobre ese maridaje entre cultura y política, sobre lo cual reflexiona: “La cultura siempre es la hermana menor de toda la gestión pública (…)  además como vivimos eternamente en crisis, como todo lo demás es más urgente la cultura viene después; Ahora, particularmente han pasado un par de cagadas graves como el incendio del ECA, y bué… a esos niveles licitativos y de organización me parece que estamos en el horno. De todas maneras, me parece que a nivel de oferta la cultura mendocina ha dado un salto, o yo tengo la percepción de que se están haciendo más cosas  y cada vez me gustan más”.

“Lo autogestivo y lo alternativo está creciendo, en la plástica en particular, hay galerías dirigidas por artistas plásticos, y de repente en Mendoza tenemos tres o cuatro galerías de arte, que eso desde la década del ’80 no pasaba. Se están buscando caminos”… pero además: “El Estado se tiene que encargar concretamente de generar ventanas dignas para que todos puedan mostrar lo que hacen, tiene que ser un facilitador”.

Rompiendo protocolos y normas, Fernando va abriendo caminos, dándole posibilidades a lo colectivo en un mundo individual. “No tengo ganas de exponer individual porque la cosa que ocurre cuando uno comparte un espacio de exposición con otro es lo que me interesa del asunto… en ese momento en donde uno prepara la muestra es cuando ocurre lo que más interesa, que es el intercambio con mi colega. Tanto es así que formo parte de la Cofradía Simbolistas, con estos muchachos pintores de Buenos Aires que estábamos exponiendo cuando se incendió el ECA… después de eso no me quieren hablar más”.(risas)

Fernando prepara su próxima exposición junto al pintor y escultor Osvaldo Chiavazza. Una muestra con la temática de la Divina Comedia que se exhibirá en la Casa El Enemigo Vigil en Maipú. Hasta tanto, te invitamos a escuchar la entrevista completa.

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