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COOPERATIVA LATERRE

Por Fernando Álvarez

La Década del 90, y los infames

Corrían los noventa, esa década en la que parece toda desgracia comenzó a suceder, y el empresario Jacques Matas paseaba su victoria por las calles a bordo de su Jaguar color verde petróleo. La década de los empresarios se estaba desenvolviendo, con llegada a las altas esferas políticas, tenían vía libre para hacer negocios en grande y nada parecía detenerlos. Una verdad se había hecho carne, “la plata no se hace trabajando”. Jacques tiene entonces un beneficioso acercamiento a Moneta y a Magna Inversora, quienes como sabemos tendrán un gran protagonismo en el vaciamiento del ex Banco de Mendoza.

Hacia el año 2000 las Industrias de la familia Matas, que era una empresa modelo por tamaño y producción en fabricación de vegetales deshidratados, comienza a mostrar los primeros síntomas de agotamiento. Según cuentan sus obreros, por primera vez sienten que algo no estaba funcionando bien.

Se estaba a las puertas del “que se vayan todos”, y probablemente los trabajadores de Industrias Matas desconocían que, en esos años, algunos obreros estaban tratando de sostener la fuente laboral, comenzando a recorrer el camino de la autogestión de las empresas, que sus ex patrones habían llevado a la quiebra.

Cronología de la Gestación

El camino fue el mismo de siempre, se atrasan los sueldos, comienza a pagarse de a poco, los cheques se demoraban cada vez más, las excusas son cada vez más frecuentes, comienzan los primeros despidos. El 2009 los encuentra con deudas acumuladas de medios aguinaldos y quincenas, los empresarios ofrecen realizar convenios por 8 meses para reestructurar deudas, pero siempre son promesas y formas de acumular más y más deudas.  La perversidad empresaria culpa de los problemas a la poca productividad de los trabajadores, promoviendo la rivalidad entre los obreros. Pero por más intentos de confundir es imposible esconder que algo huele mal en Industrias Matas, los galpones están llenos de productos que se venden regularmente, pero no hay plata.

Los obreros continúan aguantando lo inaguantable, porque siempre hay esperanza de que todo mejore, de que el trabajo no falte, aunque sea un mal trabajo y una promesa de sueldo, más que un sueldo.

Finalmente, tras años de soportar, en el 2010 se colma el vaso, comienzan los paros y se produce la toma de la fábrica exigiendo el pago de sueldos atrasados. Y por primera vez surge una posibilidad: formar una cooperativa.

2011 todavía encontraba a la familia Matas tratando de conservar su poder, que se reducía a la administración de una montaña de deudas, desde entonces hicieron todo lo posible para frenar la quiebra, sabían que ese hecho implicaría el abandono de sus pretensiones de recuperar la empresa. Han manipulado, falsificado documentos, accionado a sus contactos, y esto ha producido que el proceso se haya retardado tanto, que tanto haya demorado la puesta en funcionamiento de la empresa por parte de quienes trabajaban en ella.

Finalmente, después de que los Matas embarraran la cancha de todas las formas posibles, se declaró la quiebra recién en abril del año 2014. Pero el camino estuvo lejos de estar allanado, los trabajadores tuvieron que soportar las malas gestiones de un síndico que malvendió el ajo que había en stock y desalentaba la formación de la cooperativa. Mientras a los tanteos se hicieron los trámites correspondientes para poder facturar, para recuperar clientes, para poner los papeles en regla, recibían el aliento de vecinos y ex clientes que los empujaban a seguir. La jueza quitó la seguridad y sufrieron el robo de elementos muy específicos que parecen haber sido sustraídos por alguien que sabía bastante lo que hacía.

Esperando la Justicia

Hoy han quedado solo 29 obreros que han resistido desde 2014 hasta hoy. Han pasado todos los problemas habidos y por haber, falta de habilitación de los servicios, tarifazos, crisis, aumento de precios de materias primas, pero sin embargo ellos no se permitieron bajar los brazos. Hoy no corren buenos tiempos para las pequeñas industrias en general, la jueza decidió rematar el inmueble, por suerte, nadie hizo una oferta. Frente a esta situación corresponde que dé prioridad a los socios de la cooperativa, que ellos por fin puedan contar con el derecho a comprar el inmueble, que vienen sosteniendo hace años. Les corresponde por derecho de trabajo, de vida y de dignidad. Corren tiempos cruciales, la jueza ha demorado su decisión final, para después de la feria judicial. Esperemos que por una vez los jueces estén a la altura de lo que es justo.

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