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LA HISTORIA RECIENTE, LA SALUD DE NUESTRA GENTE O UNA ECONOMÍA SALUDABLE

Por: Dr Ricardo Antonio Landete

La historia ya la conocemos. El año pasado en China, en un mercado mayorista de una ciudad, 27 personas comenzaron con una neumonía viral, compartían contactos estrechos y características similares. La alarma de las autoridades produjo una respuesta rápida: se clausuran instalaciones, se aisla la comunidad…situación epidemiológica es crítica. China notifica a la Organización Mundial de la Salud, solicita asesoramiento, se organiza.

Desafortunadamente, por la alta infectividad del virus, por el flujo de viajeros entre sus ciudades y de éstas con el mundo, fue imposible contener los contagios y personas sin síntomas, comienzan a propagarlo. La enfermedad fue declarada una emergencia de salud pública de importancia global.

Frente al nuevo virus rápidamente, los países mostraron fortalezas y debilidades en su combate, se tomaron decisiones políticas estratégicas. Europa sufrió un golpe duro, enorme cantidad de casos, un sistema de salud desconcertado, muchas muertes evitables, en algo habían fallado.

Más tarde Latinoamérica, con un Chile de Piñera de shoppings y subtes repletos, con diferencias sociales enormes y poblaciones vulnerables y poco acceso a cuidados de salud. Un Bolsonaro en Brasil, quien, sin barbijo, desafía el aislamiento.  Ambos países priorizan sus economías. Muchas muertes evitables.

Ecuador y su empobrecida Guayaquil lamenta sus decesos, y entre varias acciones, se apoya en organizaciones humanitarias. Rápidamente corrige.

Una Uruguay ordenada, un Paraguay casi intactos. Bolivia que evidencia un desorden político incontestable y muertes en ascenso. México que desconcierta a los suyos con su mensaje y el número de casos explota.

Nuestro país recibe el primer caso importado el 3 de marzo, Mendoza días después. Somos parte de un mundo globalizado, inquieto, donde los viajes, las relaciones comerciales, los intercambios, son frecuentes.

Llegamos lentamente a la situación actual. Mucho por hacer, reconstruir el sistema de salud, servicios públicos, asistir las enormes necesidades sociales.

El presidente Fernández, saca el pueblo de la calle. Llama a gobernadores, cierra fronteras, limita viajes, atiende a argentinos dentro y fuera del país. Forma, informa, sensibiliza, protege. Habilita solo actividades esenciales: supermercados, negocios de barrio, ferreterías, correo, todo el mundo debe guardarse y resguardarse… la economía se paraliza.

Después de años de inactividad, el Ministerio de Salud es nuevamente rector de políticas sanitarias. Lanza un plan contra el virus, intenta frenar el ingreso, propagación y mitigar sus efectos. Medidas de aislamiento social, de confinamiento se hacen extremas en un primer momento, era preciso ganar tiempo.

Fortalece el sistema sanitario, involucra a todo el equipo de salud, aparatos, test, se estimula la investigación científica, comienzan a interactuar Universidades, Conicet, Fundaciones, Obras Sociales, Sector Privado.

Grupos políticos y de empresarios priorizan la economía. Cierta prensa, sin prejuicios en favor de corporaciones económicas y alejada de sus lectores, informa con mensajes contradictorios, alarmistas, en ocasiones peligrosos.

Inequidades distributivas enormes. Una pobreza en ascenso en los últimos años agravada por la pandemia.

Así, el virus se hace cada vez más presente, con consecuencias visibles. enfermos críticos, las muertes.

Aparecen los primeros casos en barrios pobres de Buenos Aires. Años de desinterés por barriadas populosas los tornan vulnerables…muere la primera dirigente social que lucha por el agua para su barrio.

Se crea el ingreso familiar de emergencia, el IFE, intenta suplir necesidades de ingreso producidos por el aislamiento. No hay distinciones de orden social en su implementación, no hay clientelismo.

Reaparecen divergencias políticas, manifestantes contra procesos de aislamiento, intentos para debilitar al gobierno, se lucha contra sus fortalezas y por cierto se debilita la estrategia sanitaria exponiendo al pueblo. Pocos escrúpulos.

Las provincias deben equiparse rápidamente, preparar equipos técnicos, protocolos. Algunas rápidamente alcanzadas por el flagelo, otras no… todas con el mismo riesgo.

En un principio Mendoza se mantenía peligrosamente victoriosa, la vendimia llena de turistas agregaba un riesgo accesorio, casi inútil. Se adormece por las bonanzas de los primeros días.

Mientas tanto la populosa Buenos Aires, amenazada pero activa, se proyecta al futuro próximo, se levanta, se equipa, habilita nuevos hospitales, hospitales de campaña, en una acción rápida y eficaz. San Juan y San Luis no discuten, aislamiento contundente, resultados óptimos… pocos enfermos.

En general, fue preciso disponer de sistemas de vigilancia sofisticados para el país que permitiesen la detección de los brotes, organizar centros de salud, hospitales, sistema de derivaciones, ambulancias, los testeos. Se planificaron estrategias ante esos brotes, se entrenaron equipos sanitarios, se fortaleció la prevención, los tratamientos y recuperación.

Rápidamente científicos argentinos hacen su aporte, montan a la estrategia internacional contra el virus, describen su genoma, estudian posibles tratamientos y futuras vacunas.

Se crea el programa Detectar. Se desarrollan aplicaciones que acercan los usuarios de teléfonos información oportuna y precisa, a normas y permisos de circulación.

Mendoza no las promueve y el virus avanza en su ataque. Las comunidades debían tener claras sus conductas. Mientras permanecemos bajo el decreto del aislamiento impuesto por la nación, la estrategia parecía peligrosamente brillar. Comienzan a confundirse riesgos, a negar la realidad, una situación que perdura.

El gobierno evalúa sus cuentas y prioridades. Veníamos de una historia reciente de endeudamiento y un idilio de campaña. La vendimia reciente nos agregaba un riesgo inusual.

La realidad fue otra, mucho más dura, mucho más difícil. Avanza entre disputas estériles, ruidos políticos, la presión del que ya se fue. De pronto logra liberarse del decreto presidencial. Establece una estrategia local.

Es aquí entonces que decide priorizar su economía, abre sus comercios, industrias, estimula el turismo interno. Es aquí, en este preciso momento, en que los casos de COVID-19 empiezan a aumentar inexorablemente. Mendoza, no hace marcha atrás, eligió la economía sobre la salud de su población.

Demoró mucho en reconocer la circulación viral comunitaria, la que se produce cuando se desconoce cuál fue el contacto que produjo la enfermedad en otra persona. Se agrava el problema…la situación induce a pensar que la estrategia podría encaminarse al fracaso.

Se realizaron ajustes, casi maquillajes. Se permitió el deporte con protocolos, se impiden las visitas familiares y curiosamente, pudimos ir a restaurantes y bares. Todo está dicho.

Se nos exige responsabilidad, nos hacen depositarios de la obligación de contención de la epidemia, al mismo tiempo disminuyen controles sociales. El estado nunca debe olvidar su rol, su mandato es gobernar, organizar, proveer servicios, protegernos. Una epidemia no se combate solo con el accionar ciudadano.

Un gobierno presente en una epidemia debe sustentarse sobre todo en dos pilares, un sistema de salud fuerte y su sistema de control, la fuerza pública.

Aparece otro mensaje: la policía y otras instituciones de control desaparecen de nuestras calles, todo se libera.  De nuevo negamos la realidad, la existencia de problemas.

La circulación vehicular comienza a ser casi igual que al principio, los colectivos repletos de personas en riesgo. Accidentados viales y otras enfermedades ocupan camas críticas, presionan al sistema de salud y a su personal.

Los equipos comienzan a sentir el peso de las decisiones, están cansados, aislados, mal pagos. Se quejan de protocolos, de falta de insumos, de exceso de trabajo, pocos los escuchan. Empleados portando riesgos por enfermedades previas, son obligados a asistir a sus trabajos.

Mendoza sigue presa de su decisión inicial. Los miedos iniciales se acaban de a rato, negamos el avance de la pandemia.

No hay nuevos hospitales, ni hospitales de campaña, los servicios no parecen crecer. La comunicación oficial posee una lógica rara, en parte perversa, pobre, contradictoria.  El sector de la salud privada emite informes más interesantes, al que solo algunos acceden. ¿Por qué esto? ¿le compete ese rol? ¿dónde toman los datos? ¿será un mensaje político?

Mientras tanto, centros de salud cierran sus puertas. Curiosamente, sería una redistribución para mejorar la estrategia. La atención primaria en jaque. Ciertas comunidades carecen de estrategias de abordaje y contención. Para los que buscan salud, las distancias y los tiempos se hacen más difíciles, se los expone.

De pronto Mendoza descuida el secreto médico, señala uno u otro trabajador, una u otra persona… señala, discrimina. Las personas dudan de informar sus contactos.

Aun así, en nuestro país y nuestra provincia se observan ciertos logros: la cantidad de fallecidos según el número de contagiados es baja. La letalidad a nivel nacional es del orden de 2.1 %, aquí sólo del 1.2%.  Muchos enfermos, tal vez demasiados.

Nuevos ruidos políticos…se discute si la cuarentena fue prematura, si el aislamiento es necesario, se queman barbijos, grupos de manifestantes toman las calles, entre ellos políticos irresponsables. El gobierno se ausenta del control ciudadano.

Existe una baja cantidad de testeos, una red de laboratorios poco eficaz. Acceder a un hisopado puede ser muy complejo, incluso para trabajadores de salud.

Las unidades de cuidados intensivos casi llenas, las ambulancias no logran conseguir camas para pacientes en riesgo de vida. Llega al colapso. Tampoco se lo reconoce.

Gratuitamente algunos dicen: “esto pasa siempre para esta época”.

¿Que hicimos para llegar a la situación actual de desborde, de falta de acceso a internaciones críticas? Hubo errores de estrategia política, errores de nuestra sociedad.  Los peores errores que puede cometer un gobierno es minimizar riesgos, ajustar la estrategia generando dudas y, por cierto…la soberbia. Los costos son mayores si se desconoce la realidad, se es inoperante, insensible, inseguro. La sociedad al mismo tiempo niega la enfermedad, rompe las normas impuestas, banaliza.

Nuevas reglas, nuevas dudas: se limitan ciertos deportes, los restaurantes ya no permiten seis personas…solo cuatro por mesa.  El tenis hace su crisis, no existen argumentos razonables que respondan a sus demandas, se prioriza a restaurantes.  Emisiones radiales permiten escuchar funcionarios públicos desconociendo cantidad de camas críticas; mensajes televisivos muestran dudas de funcionarios, miradas esquivas.

Un mensaje confuso niega lo grave, profundiza el riesgo.

La oposición local clama por volver al aislamiento total para evitar el colapso. No es escuchada. La soberbia limitó el apoyo de expertos y técnicos, de otros espacios políticos.

La nación contribuye con equipamiento.

Otros errores, demoras es reconocer la circulación comunitaria, en equiparnos, protocolos difíciles, incoordinaciones dentro del sistema, un pobre rastreo de contactos, fallas tecnológicas, de transmisión de datos, de análisis epidemiológicos.

¿Estamos seguros en sostener una economía saludable con un sistema de salud declinante?

Probablemente apostar por la economía fue un problema, como también permitir voces inescrupulosas proclamarse contra el aislamiento, politizar la estrategia sanitaria, subestimar la violencia del virus.

Sin control ciudadano, sumado a estos mensajes contradictorios, logramos modificar conductas, nos liberarnos.

Mendoza toda y su gobierno aún pueden (y deben) retomar el buen sendero en la gestión sanitaria. Una solución probable sería volver transitoriamente al aislamiento total, que limite contagios, que permita el reposo de trabajadores de salud. Reorganizar, mejorar los testeos, la búsqueda activa de contactos.

Gestionar mejor y más proactivamente, coordinar dentro y fuera de centros asistenciales sean de primer nivel de atención o el más complejo, sean públicos o privados. Informar. Permitir la comunicación de estadísticas claras y honestas, de experiencias técnicas exitosas entre equipos de salud.  Apoyarse en organizaciones de la sociedad civil.

Continuar promoviendo barbijos, lavado de manos, nuevas formas de saludo, el codo y la protección de la tos, desincentivar la reunión social, promover seguridad alimentaria. Reglamentar y controlar más estrictamente la circulación de personas, el uso del transporte público, el transporte en general.  Fortalecer el control de los límites y fronteras.

Profundizar el apoyo sanitario a poblaciones de riesgo, adultos mayores, personas con enfermedades crónicas, trabajadores expuestos, a barrios precarizados.

Redireccionar el discurso, evitar comunicación política nociva, la polarización social.

Promover actividades económicas y un turismo local saludable y sustentable controlando minuciosamente sus riesgos.

Aún queda mucho por delante.

Los efectos sociales, sanitarios y económicos de la pandemia COVID 19 aún se desconocen, pero los síntomas actuales son evidentes… muchos enfermos y muertes absolutamente evitables, tal vez demasiados. Una vacuna es posible.

Mendoza y los mendocinos hemos elegido la salud de nuestra economía, sin medir costos y estamos en crisis, pero esta crisis local (y planetaria) nos ofrece oportunidades de transformación: pasar de una sociedad individualista a una más plural, de una economía que concentra riqueza a una economía más social y solidaria, revalorizar nuestros derechos y obligaciones y alcanzar objetivos sociales, sanitarios y medioambientales mucho más amplios.

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