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LA LEY 7722, GUARDIANA DEL AGUA, EN BUSCA DE UNA LEY HERMANA QUE NOS PROTEJA DEL FRACKING

Por Asamblea Popular por el Agua Pura

Nuestra provincia, nuestra Mendoza, es tierra árida. La gente de campo, de las zonas no irrigadas nos enseña a llamarlo así, campo. Desierto es aquello sin vida, fue la justificación del genocidio: “Campaña al Desierto”. No, eso que nosotrxs llamamos desierto, no lo es. Mendoza tiene su historia de agua. Los pueblos originarios supieron hacer uso de los escasos ríos y zonas con agua apta para la reproducción de la vida. Las acequias y los canales han ido delineando las zonas de cultivo. Para acercarse a la memoria del agua, bien vale leer un lindo artículo donde Facundo Rojas, Juan Suriani y Facundo Martín explican cómo domadores y guardianes del agua fueron haciendo la Mendoza actual: https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=historias-ambientales-de-domadores-y-guardianes-de-aguas Las tensiones por el uso, derroche y contaminaciones de nuestro preciado bien siguen vigentes, tanto en las áreas regadas como las no irrigadas.

Otra tensión muy vigente es por ese “futuro” que nos llama a ampliar la matriz económica. Un futuro que olvida el pasado, en donde los pequeños productores formaban parte de esa matriz. Las políticas neoliberales que sólo buscan maximizar la rentabilidad del gran capital han destruido este sector: sus campos de frutales, viñedos, chacras, están fuera de la atención y políticas de los gobiernos. Es el típico modus operandi del extractivismo: destruir las economías locales, vaciar los territorios, lograr la complicidad del gobierno de turno y los medios masivos hasta imponer la idea de que la solución única serían las actividades extractivas. Este escenario se repite a lo largo y ancho de Nuestra América. El discurso promete bondades de derrame económico, y todo lo que el Estado venía incumpliendo (salud, infraestructura, educación) lo ofrece la minera. Con el capitalismo verde, lavada de cara al desastre, las comunidades se vuelven dependientes, secuestradas y acalladas, en una lógica perversa de cooptación de los territorios: el extractivismo no llega de golpe, lo construyen paso a paso… Finalmente, la realidad muestra pueblos desplazados, derrames tóxicos, ríos contaminados y biodiversidad asediada.

Para la megaminería, el fracking y otros extractivismos, el futuro del cual alerta la ONU no entra en sus planes. Ya estamos sufriendo los impactos de un cambio ambiental global, rápido e inequívoco: el aumento del nivel del mar, el retroceso de glaciares en los polos y las montañas incluyendo las mendocinas, la extinción acelerada de especies, el deterioro de arrecifes de coral, la mayor frecuencia e intensidad de fenómenos climáticos extremos. Todo ello debido a los gases de efecto invernadero emitidos por acciones humanas en el último siglo.

Según la ONU y el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), la temperatura global ya es 1 °C mayor que en tiempos preindustriales, y es imperioso que ese calentamiento no exceda de 1,5°C. Sin embargo esto requiere cambios drásticos, de gran alcance y sin precedentes en los estilos de vida y de consumo material y energético de las sociedades. Según el informe del IPCC de octubre de 2018, ¡para 2030 a más tardar! las emisiones mundiales de dióxido de carbono tendrían que reducirse en 45% con respecto a lasde 2010: debemos actuar hoy, ya. Aunque fuertemente resistidos, estos indispensables cambios implicarían claras ventajas para las personas y los ecosistemas, y sociedades más sostenibles y equitativas (https://www.un.org/es/climatechange/).

En este contexto, fomentar la megaminería, gran emisora de gases de invernadero,es un contrasentido.Cuando una minoría despilfarra metales sin cesar ni medir su progresiva escasez y Barrick pretende reventar 4 toneladas de roca para obtener 1 gramo de oro en Pascua Lama, ¿cómose puede hablar de megaminería y fracking “ambientalmente sostenible”?(https://movimientom4.org/2015/12/megamineria-un-factor-de-riesgo-para-el-cambio-climatico/). Ni qué decir del petróleo (convencional y no convencional obtenido por fracking) y el carbón. Es urgente dejar de calentar el planeta, y ello requiere reducir el exorbitante consumo energético del capitalismo actual, particularmente la quema de combustibles fósiles. Queremos un futuro en el que todos podamos satisfacer nuestras necesidades, pero encarando una rápida transición hacia otras maneras de relacionarnos con los materiales y las energías limpias de la Tierra, que sean verdaderamente sostenibles, justas y respetuosas de la Vida.

El agua de Mendoza no se negocia

Haber construido este lema y volverlo conciencia ha sido un camino recorrido, un aprendizaje colectivo. El gobierno de Menem abrió las puertas a la megaminería, armando el andamiaje jurídico que propicia las inversiones extranjeras con exenciones impositivas y regalías ínfimas. Combo de leyes que gozan de buena salud, gobierno tras gobierno. Cuando en 2003 supimos que la megaminería amenazaba en Mendoza, aprendimos de la historia grande de Chubut contra los proyectos de basurero nuclear en Gastre y de mina de oro en la cordillera, como faro en las luchas. Esquel y su famoso No a la Mina tuvieron su correlato mendocino en las puebladas heroicas de San Carlos y General Alvear, en los ayunos de compañerxs ante la Legislatura visibilizando el reclamo de un NO a la megaminería provincial. Toda Mendoza estuvo en lucha y, con vaivenes y veto previo, logramos la 7722, la Ley que es Guardiana del Agua desde el 20 de junio de 2007. Ella prohíbe en minería metalífera el uso de cianuro, ácido sulfúrico, mercurio y otras sustancias tóxicas similares,y para los proyectos que no las utilicen, impone que la Legislatura tenga la última palabra de aprobación o rechazo. Festejo, e inmediata embestida: 12 empresas mineras y organismos vinculados a ellas iniciaron acciones de inconstitucionalidad contra la ley 7722.

Fue una hermosa oportunidad de darnos cuenta de que no sólo defendíamos el agua, los bienes comunes, un mundo posible, vidas sustentables, sino encontrar nuestros modos de organizarnos, horizontales, territoriales, asamblearios. Todo esto nos involucró desde el sentipensar y activar consecuentemente. Charlas, volanteadas, cortes, Contra Carrusel, participaciones en eventos, siempre tienen un profundo sentido de conexión con el pueblo, pues somos pueblo. Es un mensaje empático que busca saltar el cerco mediático, el acallamiento, la negación,la desacreditación por los grandes medios, y la indiferencia e hipocresía de la mayoría de los políticos.

Uno de los hitos de nuestra lucha fue la Audiencia Pública por el proyecto minero San Jorge, en Uspallata. Para poder estar allí el 26 de octubre de 2010, la organización popular se hizo sentir. Durante trece horas de intervenciones organizadas, pensadas, sentidas, 3 de cada 4 oradorxs se manifestaron contra la megaminería y ese proyecto. El Ejecutivo provincial hizo oídos sordos y aprobó la Declaración de Impacto Ambiental, pero el 24 de agosto de 2011, considerando la falta de licencia social y los múltiples impactos e ilegalidades que implicaría su aprobación, la Cámara de Diputados rechazó el proyecto por unanimidad (pese a lo cual los nuevos dueños rusos aún hoy pretenden imponérnoslo).

Durante 2015 pasó de todo en cuestiones mineras: en agosto, la Suprema Corte de Córdoba declaró constitucional la Ley 9526, “hermana de la 7722”. En septiembre, la mina Veladero de la empresa Barrick Gold derramó entre 1 y 5 millones de litros (¿volumen exacto? nadie sabe) de agua cargada de cianuro y metales pesados, contaminación de la cual ni la empresa ni el gobierno avisaron, como tampoco lo hicieron otras veces antes y después. En noviembre, colapsó en Brasil un dique de colas propiedad de dos gigantes mineras mundiales-la brasileña Vale y la anglo-australiana BHP Billiton-, causando 19 muertos, cientos de desplazados y un río “muerto”, en la mayor catástrofe ambiental de la historia brasileña (crimen que Vale repetiría en enero 2019 en Brumadinho, provocando 248 muertos y 22 desaparecidos). Ante este escenario, llegó el fallo: el 16 de diciembre de 2015 y por unanimidad, la Suprema Corte de Justicia de Mendoza ratificó la plena constitucionalidad de la Ley 7722.

Apunten contra la 7722, y abran paso al Fracking

En 2018, nuevas arremetidas contra la Guardiana del Agua: tres legisladores justicialistas (Alejandro Abraham, Juan Agulles y Silvina Camiolo) presentaron dos proyectos para modificar la Ley 7722 vaciándola de efectividad. En mayo de 2019, el diputado Eduardo Martínez Guerra (Partido Intransigente)presentó otro proyecto para derogarla, lisa y llanamente. El candidato a gobernador oficialista Rodolfo Suárez,entre varias expresiones a favor del fracking y la megaminería,dijo que “una parte de la 7722 es un absurdo absoluto”, ignorando la sólida argumentación con que la Suprema Corte ratificó toda la ley. Para colmo, en 2017 empezó el fracking en Malargüe, apoyado luego por los Decretos 248/18, 485/19 y 1356/19 de Cornejo, que lo “regulan”, le reducen las regalías en 25% y limitan el derecho de huelga de esos trabajadores.

Miles de mendocinxs reaccionamos: en mayo de 2018 ingresó en Diputados el proyecto de ley “Mendoza Libre de Fracking”, avalado por casi 43.000 firmas -más otras 50.000 entregadas a Cornejo exigiendo la derogación del Decreto 248/18-, y en noviembre casi 30.000 mendocinos dijimos por nota al Senado: “La 7722 NO se toca”.La mayoría de los diputados se niegan a debatir nuestro proyecto de prohibición del fracking, mientras este sigue avanzando en Malargüe y pretende llegar al norte mendocino. ¿El cuidado del agua, el aire y la casa común, las alertas urgentes de la ONU y el IPCC sobre nuestra supervivencia? No parecen prioritarios para la casta política.

Nos gustaría tener algunas certezas, como que tendremos agua pura, sin megaminería, sin fracking y sin agrotóxicos,  para dedicar nuestras energías a debatir los modos de producir nuestros alimentos, ejercer nuestra Soberanía Alimentaria, definir nuestras prioridades como sociedades en Democracia Participativa, para hacernos cargo de nuestras acciones y decisiones. Empoderarnos en defensa de nuestros cuerpos-territorios, de nuestra casa, este hermoso Planeta Azul. Queremos que esas leyes, que nos permiten seguir construyendo futuros posibles para las futuras generaciones, no sean acechadas ni vulneradas. Queremos y merecemos vivenciar lo que ya es realidad en muchas comunidades: el Buen Vivir en nuestra Madre Tierra.

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