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¿QUÉ VES, CUANDO ME VES? CONSTRUYENDO LA IDENTIDAD DE GÉNERO DESDE LA INFANCIA

Por Valeria Marchan

                                          Una es más auténtica cuanto más se parece

                                                  a lo que ha soñado de sí misma.

                                              (“Todo sobre mi madre”, Pedro Almodóvar)

Estamos en la sala de partos de cualquier hospital esperando que esa persona que queremos alumbre y se prenda la luz rosa o celeste para saber si es varón o mujer. En la escuela nos paramos desde niñxs en la fila de mujeres o la de varones. En el boliche vamos al baño de “ellos” o “ellas”. En el cine a mitad de película, si esx sobrinx que llevamos nos pide ir al baño, lo llevamos al de “caballeros” o al de “damas”.

Desde que nacemos, la construcción de quiénes somos está sujeta al molde binario hombre/mujer; desde hace un corto tiempo hacia atrás (aunque la realidad existe desde siempre) hemos empezado a escuchar, ver y entender que hay otras maneras de comprender el mundo y por lo tanto de existir en él, se abren más aristas al molde aprendido. Pero ¿qué pasa cuando a los dos años alguien empieza a esbozar que no es lo que se espera que sea? ¿Cómo procesamos la información que lxs niñxs y adolescentes nos trasmiten, cuando la conducta no es la esperada para un varón porque claramente todo su comportamiento es el de una niña y viceversa? La sociedad y los sistemas de organización social (escuelas, hospitales, ministerios, etc.) no suelen aceptarlos y la primera reacción es patologizarlxs, rechazarlxs, invisibilizarlxs y estigmatizarlxs, Entonces ¿cómo no hablar de infancias trans?

Cuando escuchamos la palabra transgénero o simplemente trans, imaginamos adultos, como si ellxs nunca hubieran sido niñxs. La identidad de género de una persona no comienza en la adultez, sino que es una vivencia interna e individual que se siente desde la infancia y se construye a lo largo de toda la vida. En general, nacemos biológicamente con un SEXO, lo que sentimos, cómo nos expresamos y cómo nos relacionamos con los demás forma parte de nuestra SEXUALIDAD, ahora bien, cuando hablamos de GÉNERO nos referimos al conjunto de elementos que son socialmente construidos y que determinan las interacciones de los seres humanos. La IDENTIDAD DE GÉNERO es la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo.  Las relaciones de género son socialmente construidas y, por lo tanto, son transformables, no proceden de la biología.

Junto a los niñxs que atraviesan por este proceso de identificarse con un género ¨opuesto¨ con el que está siendo criado, están las familias que primero deben lograr comprender y acompañar a sus hijxs y más luego deben pelear contra “el sentido común” para que sus hijxs puedan tener una infancia feliz. Son muchos los testimonios donde los padres y las madres son tratadas de locos o los acusan de “trasvestir” a sus hijxs por capricho, que los miran de costado, que en las escuelas no le quieran renovar la matrícula.

Visibilizar la diferencia conlleva situaciones de violencia, primero está la familiar, luego vienen las demás: expulsión, por medio de la no aceptación, del sistema educativo, dificultades para el acceso a la salud, imposibilidad de tener un trabajo formal, maltrato de la policía, llegando a las formas más extremas de violencia transfóbica como los crímenes de odio.

La expresión “nací en el cuerpo equivocado” se repite a través de los testimonios, pero ¿qué pasó por el pensamiento, el sentir, las vivencias de un niñx hasta llegar a esa verdad para si mismx?  Si bien la Ley de Identidad de Género de Argentina, Nº 26.743, permite que las personas trans (travestis, transexuales y transgéneros) sean inscriptas en sus documentos personales con el nombre y el género de elección, (conquista social lograda desde el 2012), la identidad de género pide más que una decisión política.

Educar a nuestrxs niñxs y adolescentes respetando su manera de sentir, más allá del género que se les asignó cuando nacieron de acuerdo a su genitalidad, es una lucha que aún está vigente. Porque las infancias trans que no son escuchadas, que son silenciadas o patologizadas son infancias que no se pueden desarrollar plenamente y de manera feliz. Es una contradicción hablar de la niñez sin escucharla y sin respetar su derecho a ser, necesita ser acompañada, querida, abrazada y protegida.

Necesitamos romper la barrera cultural para comprender que estxs niñxs tienen derecho a vivir y expresar libremente lo que sienten y que no son un pene o una vagina, son personas que tienen otra experiencia de vida, otra experiencia corporal y que en definitiva desean ser felices y desarrollar un proyecto de vida realizable sin deudas ni explicaciones hacia nadie. Una sociedad que trate en igualdad de condiciones a la niñez trans, escuche, respete sus deseos y decisiones, será en definitiva una sociedad mejor, más plural, que entienda y abrace los derechos humanos.

Hablar de las infancias trans, visibilizarlas y conocerlas nos permitiría eliminar las barreras que tienen estos niños, niñas y adolescentes. Ayudaría a evitar el sufrimiento de familias y sobre todo, la discriminación y las violencias.

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