En el mes de marzo, atravesado por las luchas de las mujeres y el ejercicio de la memoria, la historia de Sofía D’Andrea vuelve a latir en palabras. A través del libro “Arrullos Rebeldes” una crónica de su militancia y maternidad, su voz se hace presente de la mano de sus hijas, quienes asumieron la tarea de cerrar y compartir una obra profundamente íntima y colectiva a la vez.
En diálogo con En Colectivo, Luciana Vega D’Andrea, hija de Sofía, contó que el libro “es una crónica sobre su experiencia como militante y como madre, y esas dos experiencias cruzadas en tiempos de clandestinidad, en tiempos de exilio y en los tiempos de la vuelta al país”. Un recorrido que no solo reconstruye una vida, sino que también da cuenta de una generación atravesada por la persecución, la cárcel y el desarraigo.
La publicación tiene, además, una historia particular: Sofía dejó el manuscrito prácticamente listo antes de su fallecimiento, pero sin título. Fueron sus hijas quienes, desde la memoria afectiva y política, eligieron el nombre que hoy lo identifica. “Dando vueltas sobre cómo había sido nuestra crianza, sobre lo que se bebe en la leche tibia y en cada canción”, compartió Luciana, en una imagen que condensa el espíritu del libro.
El proceso de edición no fue sencillo. A la complejidad de reconstruir una obra póstuma se sumó el duelo. “Fue bastante difícil, complejo”, expresó, y señaló que la ausencia de su madre no solo se siente en lo personal, sino también en los espacios colectivos donde su militancia dejó huella. Sofía, recordó, fue una mujer profundamente política, organizadora y comprometida, cuya presencia sigue viva en cada espacio que ayudó a construir.
Arrullos Rebeldes no es solo una historia individual. En sus páginas también resuenan las experiencias de muchas otras mujeres que maternaron en contextos de clandestinidad, exilio o represión. En ese sentido, el libro se vuelve también un ejercicio de memoria colectiva y, para algunas de sus hijas, incluso un proceso reparador: “ha sido como un bálsamo”, contó Luciana sobre el impacto que tuvo en su familia.
En un presente donde los discursos negacionistas y la relativización del terrorismo de Estado vuelven a circular, la reflexión también se vuelve política. Luciana recuperó una enseñanza de su madre: “no tenemos que aceptar la resignación… hay que seguir organizando, reunirse, pensar con otros”. Una invitación a sostener la memoria desde la acción colectiva, más allá de las coyunturas.
La presentación del libro se realizó en el Espacio para la Memoria, en una jornada que combinó palabras, arte y encuentro. Una apuesta a que la memoria no sea solo recuerdo, sino también territorio vivo donde se tejen nuevas formas de comunidad.
Porque en cada arrullo rebelde, en cada historia narrada, sigue latiendo una certeza: la memoria no se hereda pasivamente, se construye, se comparte y se defiende.
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