La agroecología también se construye en la cocina, en la familia y en la feria

En la columna de Agroecología de los jueves, Juan Pablo Nieto nos compartió la experiencia de Energía Viva, un emprendimiento que nació en la cocina familiar y apuesta por alimentos nutritivos, elaborados con materias primas agroecológicas u orgánicas y procesos que buscan conservar sus nutrientes.

¿De qué hablamos cuando hablamos de alimentación saludable? La pregunta parece sencilla, pero abre un mundo de decisiones: qué comemos, de dónde vienen los alimentos, cómo fueron producidos y qué procesos les damos en nuestra propia cocina.

En esta nueva edición conocimos a Ayelén Ausina, pedagoga, mamá y creadora de Energía Viva, un emprendimiento que comenzó como una búsqueda familiar y hoy se transforma también en una propuesta para compartir con otras personas.

Del cuidado familiar a un emprendimiento

Energía Viva nació en medio de una preocupación cotidiana: encontrar alimentos que además de alimentar, nutran.

Ayelén cuenta que las primeras elaboraciones surgieron buscando alternativas para sus hijos, Angie y Valentín. La experiencia familiar se convirtió luego en un emprendimiento que trabaja con semillas, frutas y verduras, utilizando principalmente la deshidratación como método de elaboración.

El nombre tampoco es casual. “Energía” refiere a los nutrientes que aportan los alimentos y “viva” a un proceso que no implica cocción, sino deshidratación, buscando conservar buena parte de sus propiedades.

“Surge principalmente buscando brindar un alimento a mis hijos, ahí en medio de la cocina, de resolver qué darles de comer y que yo me asegure que están bien nutridos.”

La propuesta incluye snacks y barritas elaborados a partir de diferentes ingredientes. Tomate, cebolla, remolacha y semillas pueden convertirse, mediante distintos procesos, en alimentos que permiten incorporar nutrientes de otra manera.

Deshidratar, conservar y volver a mirar lo que comemos

Uno de los aspectos centrales de la experiencia de Energía Viva es recuperar procesos de elaboración que pueden hacerse incluso en casa.

Ayelén explicó cómo, por ejemplo, para elaborar un snack de tomate y cebolla se activan previamente las semillas, se procesan junto con los vegetales y condimentos, y luego la preparación pasa al deshidratador.

Pero la tecnología no es indispensable. En sus comienzos, Ayelén utilizaba el sol como fuente de deshidratación, utilizando bandejas y estructuras que permitían secar los alimentos naturalmente.

Las semillas: pequeñas, nutritivas y todavía poco exploradas

La conversación también permitió detenerse en un alimento que durante mucho tiempo estuvo relegado: las semillas.

Girasol, sésamo, chía, lino y otros frutos secos pueden aportar proteínas, grasas saludables y fibras. Pero, como señalaron durante la charla, también importa cómo los preparamos y en qué cantidad los consumimos.

Activar las semillas mediante el remojo y, en algunos casos, tostarlas, son procesos que pueden mejorar su utilización dentro de la alimentación cotidiana.

“Son alimentos que nutren en pequeñas cantidades.”

La mirada agroecológica propone entonces ampliar la pregunta: no alcanza solamente con elegir qué comer. También importa conocer cómo fue producido ese alimento y qué procesos atraviesa hasta llegar al plato.

Alimentarnos en un mundo que nos vende ultraprocesados

La conversación puso sobre la mesa otra disputa: la que existe entre los hábitos alimentarios construidos en comunidad y un mercado que permanentemente ofrece productos ultraprocesados.

En el intercambio apareció una escena conocida: las golosinas, los paquetes coloridos, las publicidades y la comida rápida compitiendo por la atención de niñas y niños.

Frente a eso, Ayelén compartió su experiencia de incorporar frutas, verduras y semillas de manera atractiva para sus hijos. La remolacha, por ejemplo, puede convertirse en parte de una preparación que resulte más cercana para quienes todavía rechazan determinados vegetales.

La alimentación saludable también se aprende. Y enseñar a comer es, de alguna manera, enseñar a mirar y valorar aquello que nos alimenta.

Agroecología también es preguntarnos de dónde viene la comida

Para Juan Pablo Nieto, la discusión no puede separarse de la agroecología. La elección de un alimento también puede ser una elección sobre qué modelo productivo queremos sostener.

Por eso, durante la columna remarcaron la importancia de optar, cuando sea posible, por materias primas agroecológicas u orgánicas, reduciendo la exposición a sustancias utilizadas en determinados modelos de producción y poniendo en valor a quienes producen y elaboran a pequeña escala.

En ese sentido, Energía Viva forma parte de una trama más amplia: productores, ferias, emprendimientos y consumidores que buscan construir otras formas de relación con los alimentos.

Un día para pensar nuestra alimentación

La charla también recorrió, entre preguntas y ejemplos cotidianos, cómo podría organizarse una jornada de alimentación saludable.

No existen recetas únicas: cada cuerpo, edad y actividad tiene necesidades diferentes. Sin embargo, aparecieron algunas claves compartidas: escuchar al propio cuerpo, incorporar frutas y verduras, sumar semillas y proteínas, priorizar alimentos de calidad y prestar atención a los horarios y procesos de elaboración.

Y también apareció una idea sencilla pero potente: recuperar tiempo para comer.

Porque frente a la velocidad cotidiana, cocinar, elegir los alimentos y compartir una comida también pueden convertirse en actos de cuidado.

De la semilla a la comunidad

La columna cerró con una leyenda guaraní sobre Abatí y el origen del maíz, que permitió volver al vínculo entre alimentación, cultivo y comunidad.

La historia recupera una transformación fundamental de la humanidad: el paso de la recolección y la caza al cultivo de los alimentos. Un proceso que modificó profundamente nuestras formas de vivir y relacionarnos con el territorio.

Quizás allí también se encuentre una de las preguntas que atraviesan la agroecología: ¿qué relación queremos construir con aquello que nos alimenta?

Energía Viva ofrece una respuesta desde una experiencia concreta: recuperar semillas, vegetales, procesos de elaboración y conocimientos para ponerlos nuevamente en circulación.

Porque comer también puede ser una forma de elegir. Y cada elección puede ayudar a construir otra relación con la tierra, con quienes producen y con nuestros propios cuerpos.

¿Dónde encontrar Energía Viva?

Los productos de Energía Viva pueden conseguirse los sábados en Bioferia Mendoza, en el Parque General San Martín, y los martes en Ecoasis, en las vías del tren de Chacras de Coria. También se pueden realizar pedidos y consultas directamente con Ayelén.

Contacto por WhatsApp: 1213-87-6323

🎙️ Escuchá la nota completa con Juan Pablo Nieto y Ayelén Ausina en la columna de Agroecología de En Colectivo.

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