La bióloga Silvina Vélez destacó la necesidad de revalorizar los ecosistemas nativos de Mendoza y de Argentina, no solo por su valor ambiental, sino también por los beneficios que pueden aportar en los entornos urbanos. Según explicó, muchas especies autóctonas, adaptadas durante millones de años a las condiciones de aridez de la región, requieren menos cuidados y consumo de agua que aquellas introducidas de otros contextos climáticos.
Uno de los principales desafíos señalados por Vélez es la preferencia cultural por especies exóticas, como las palmeras, asociadas a paisajes tropicales. Estos árboles, habituales en barrios privados y espacios residenciales, demandan hasta 400 litros de agua diarios por ejemplar, un consumo difícil de sostener en una provincia con escasez hídrica. Frente a ello, la especialista propone fortalecer la educación y la sensibilización, además de revisar la normativa vigente sobre arbolado público para limitar la plantación de especies de alto consumo de agua.
Vélez remarcó que existen numerosos estudios del CONICET e INTA que demuestran la viabilidad de incorporar especies nativas en plazas, parques y arbolado urbano. Estos vegetales no solo reducen la necesidad de riego, sino que también aportan beneficios ecosistémicos, como protección frente a la erosión, fijación de carbono y soporte para polinizadores. “Más del 90% de lo que consumimos depende de la polinización, y muchas plantas nativas son melíferas, es decir, atraen abejas y otros polinizadores fundamentales”, explicó.
Entre los ejemplos de especies recomendadas, mencionó enredaderas como la “barba de viejo”, el “burro” y el “incayudo”, todas con potencial ornamental y medicinal. También resaltó el valor de arbustos espinosos como el atamisque, la oreja de gato y el garabato, útiles como cercos vivos y separaciones naturales que, a diferencia del alambrado o materiales plásticos, generan sombra, reducen la temperatura y no contaminan.
Otra especie destacada es la zampa, común en suelos salinos, que refleja la luz gracias a los cristales de sal que excreta en sus hojas. Además de su valor estético, puede utilizarse como condimento o alimento para ganado caprino.
Respecto a los árboles, Vélez recordó que ya existen censos de especies nativas en el arbolado público, como el aguaribay, las acacias, el cinacina y el mode, que han demostrado buena adaptación al entorno urbano. Para zonas de montaña, en tanto, recomendó especies como el maitén, el mode y el chacay, todas resistentes a bajas temperaturas y con potencial ornamental.
La especialista concluyó que aplicar “esta tecnología natural” en las ciudades no solo contribuye al cuidado del ambiente, sino que también promueve una identidad paisajística propia, en sintonía con la biodiversidad local.
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