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LA MOSQUITERA 20 AÑOS: APUNTES PARA LA HISTORIA DE ESTE LUGAR

Continuamos compartiendo un resumen de la historia inicial de La Mosquitera. Una cuarta entrega en este año de remembranzas que impulsan los nuevos vientos.

 

Allá por el año 2001 La Mosquitera irrumpe en las calles junto a otres produciendo hechos socioculturales en general, por la vía infalible de a lo Fuente Ovejuna. El contexto político y social y la consecuente indignación de importantes sectores de la sociedad, llevaron a que  ese grupo de vecinos y vecinas, esa pequeña fuerza acumulada (porque construyo una idea, precisó  objetivos, tenía organización y un plan de acción) fuera por más horizontes y espacios de participación desde dentro de la comunidad. La creciente actividad de la revista en el lugar, no hubiese sido posible sin ese contingente o círculo cercano. Así lo recuerda nuestra compañera Cecilia Lamantia: “Y como las pretensiones eran muchas, la revista saltó sus márgenes para trabajar codo a codo con otros espacios de la zona, como la Asociación para la Radicación de Artistas y Artesanos, la Biblioteca Popular El Bermejo, El Centro de Jubilados El Trébol, Asociaciones Vecinales, entre otros. Encuentros de Artistas, Artesanos y de Producción Barrial, Certámenes Literarios, eventos artísticos culturales, mural en la Plaza de las Artes y las Flores, recitales, fueron algunos de los eventos que se realizaron los años venideros.”

Por eso, antes de pensar seriamente en como crecer como medio de comunicación, ya fuera vía una radio o un cortometraje, nos fuimos a trabajar al gran barrio haciendo cosas diversas por la propia o articulando con otros.

Por otra parte, es importante señalar que en La Mosquitera había vida orgánica. Es decir, el grupo se definía y movilizaba por criterios, tareas, responsabilidades, metas, elaboradas en una instancia. Y cada cual respondía al colectivo respecto de lo acordado y los compromisos asumidos.

Casi desde el comienzo, para nosotres era difícil aceptar que alguien no cumpliera los compromisos, más aún si había participado en la elaboración  de ellos. Podríamos decir que a medida que caminábamos, íbamos aprendiendo a tener una valoración muy alta respecto de la necesidad de la organización y el respeto de ella como instancia colectiva de pensamiento y acción; en donde cada une, en completa libertad, debía asumirse como parte de ese todo social para materializar lo que nos proponíamos. Esto también se traducía a lo político en niveles muy básicos pues, no nos concebíamos como organización política, pero actuábamos en ese plano; teníamos una posición respecto, por ejemplo, de los derechos humanos, lo que fue la dictadura, lo que eran los gobiernos neoliberales últimos, la formación social imperante y las secuelas de su “modo de vida”, los partidos políticos tradicionales y sus formas de hacer política; el tema del asistencialismo y el clientelismo, etc. Y lo decíamos; eso lo sabían quienes interactuaban con nosotros. Estábamos al tanto de los rumores que se corrían respecto de nosotres, de quienes éramos; si de la Alianza, si del Frepaso, de la Izquierda. Y no; éramos variopintes en la composición y los más cercanes a las formaciones políticas más conocidas eran críticos de ellas y muy respetuoses de la instancia creada en común. Y  sucedía que mientras más conocíamos ciertos modus operandi de la acción política del sistema, más nos afirmábamos en la  necesidad de generar espacios de participación comunitaria, fortaleciendo nuestra incipiente identidad como comunicadores y trabajadores/as barriales. Teníamos, por así decirlo, nuestras propias banderas o más bien; retomamos algunas banderas en esta gran posta histórica por un mundo mejor y éramos parte de eso, por eso no reconocíamos la paternidad y el monopolio de la lucha social y política, en función de esos objetivos, a las fuerzas políticas del establishment.

Fernando Rosas hace este ejercicio de memoria: “…Desde el 2001, cada uno que pasó por La Mosquitera en cualquiera de sus modalidades, tuvo que aprender…hemos aprendido a ilustrar, escribir, preguntar, transcribir, debatir, perder la discusión, aceptar la voluntad de la mayoría, colaborar con los demás, suplir al que no puede. Tuvimos que aprender a diseñar, a mostrar, a gestar, a caminar la calle para que el barrio entre en las páginas de la revista o en las ondas de la radio. Tuvimos que aprender a operar consolas, a programar, a hablar, a ser claros, a callarnos y escuchar, a insistir para que se nos oiga, a buscar interacción con la comunidad. Estoy seguro que nadie que haya pasado por este proyecto salió igual, seguramente salió mejorado…”.

Nuestro corresponsal Ramón Mayo nos dice: “…En la época en que participaba activamente no había tiempo para las especulaciones, era toda acción…reuniones para editar; ¡paren las rotativas! Llegó la nota de cierre; cambios de formato de A4 revista a tipo tabloide y vuelta al tamaño original; buscar y cobrar publicidad; entrevistas; notas; organización de encuentros mosquiteros. Cuantas historias barriales, cuantos personajes recuperados del olvido, cuantos lugares descubiertos ocultos en las calles de tierra. Todo a base de caminatas y bicicleta para la distribución y entregar ejemplares casa por casa…ahí estaba el verdadero vínculo de La Mosquitera con los vecinos, de los vecinos con La Mosquitera”.

Germán Leyens, integrante del grupo de la redacción nos comparte también su mirada y reflexión: “…En un corto tiempo la revista comenzó a tener una dinámica propia, con un colectivo de trabajo encargado de la producción, realización y distribución, así como de conseguir avisos publicitarios, institucionales y otras formas de auspicio que permitieran la sustentabilidad del emprendimiento y la entrega gratuita de sus 2000 ejemplares. Es importante rescatar el espíritu militante con que se constituyó el colectivo de La mosquitera, comprometido con algunos ejes políticos y comunicacionales que se fueron ampliando y profundizando con el transcurso del tiempo, las experiencias vividas, las reflexiones compartidas, las nuevas iniciativa y los vínculos establecidos…”

“…Una de las principales características de este trabajo en equipo, es que se ha podido evitar que el aporte personal de cada uno de los participantes no se transforme en personalismo, divismo o manipulación sectorial del instrumento comunicacional comunitario. Si bien ha sido un medio abierto a la participación de quién quiera hacerlo, se ha logrado  hasta ahora mantener el espíritu de autonomía en cuanto a la no dependencia ni subordinación a gobiernos, empresas, partidos políticos o personalismos de cualquier tipo. Su carácter democrático y plural no implica indefinición ni ambigüedad. Nuestra mirada ha estado sustentada desde sus inicios por criterios solidarios, latinoamericanistas, ecologistas, antipatriarcales, de defensa de los derechos humanos, antiimperialistas, de profundización y ampliación de la democracia en todas sus dimensiones. Recordemos que La Mosquitera surgió en medio de una terrible crisis económica, social y política, como consecuencia de años y décadas de capitalismo neoliberal, con uniforme y sin uniforme, con distintos estandartes políticos-partidarios encabezando su implementación y con los principales estamentos sindicales, religiosos y de las élites culturales consensuando, activa o pasivamente, su puesta en práctica. Por eso una de las pretensiones más pretenciosas de la revista era, y sigue siendo, la de servir de protección a los “mosquitos” del neoliberalismo, que en ese momento constituían una verdadera plaga sobre el País, contagiando el individualismo, la meritocracia, el egoísmo, la fragmentación y dispersión, etc…”.

Siempre activa, La Mosquitera como parte del movimiento cultural que se originó a partir de las actividades de la Asociación de artistas y artesanos, articula con el grupo de los Encuentros en el Arte, la Artesanía y la Producción barrial de la calle Maure, para traer a la Banda Conmoción desde Santiago de Chile a dos Encuentros, en un esfuerzo conjunto, de compañeros, pues ellos se costeaban los pasajes de venida y vuelta en bus y en Mendoza, amigas y amigos del Grupo Encuentro y La Mosquitera bancaban transporte local, alojamiento y comida. Ya hace mucho que no podemos traer a nuestros amigos de La Conmoción. Y no porque ahora que son inmensamente famosos y ocupados no saluden, sino porque ni ellos ni nosotros podemos hacerlo. Sin embargo, cada vez que La Conmoción ha venido a la provincia a cumplir compromisos profesionales, nos visitan; compartimos música y unos ricos choripanes.

Con los amigos de lo que fue la Biblioteca Popular de El Bermejo, convocamos al Primer Certamen de Cuento y Poesía “Una palabra enciende la ilusión” para los tres distritos y para niños y jóvenes. Evento del que participaron más de 130 niñas y niños de la Escuela Bruno Morón de Colonia Segovia, Orfelina Acosta de El Sauce y la Alejandro Mathus y José Cartellone de El Bermejo. Un modesto libro con los textos consagrados en las diferentes categorías, testimonia ese esfuerzo editorial para incentivar y acercar los niños a los libros.

Posteriormente, en una edición especial de La Mosquitera de Agosto de 2004 y con una tirada de mil ejemplares (en realidad un volante grande, de una hoja a4 con el anuncio puntual y una pequeña columna con algunos de los temas a tratar en el próximo número de la revista, pero digno o solemne pues se hacía para, además de agitar, realzar o destacar la noticia y lo salíamos a repartir casa por casa) nuevamente la Biblioteca y La Mosquitera en conjunto convocan al segundo certamen literario “Un poema para Cortázar, un cuento para Neruda”, con motivo del mes conmemorativo de ambos escritores Latinoamericanos. Esta vez, para niños, jóvenes y adultos de los tres distritos. En Un evento de Octubre del mismo año en la Plaza de las Artes y las flores, se premió a los finalistas y a partir de Febrero de 2005 comenzaron a ser publicados los trabajos en la revista.

En este esfuerzo para entusiasmar a la comunidad por la escritura y las letras en general, sobre todo a los más jóvenes, comenzó a salir en la revista, como suplemento, un pasquín casi anónimo, que se autodefinía como independiente y autofinanciado; “Deja esa cotorra en paz”, se llamó. Invitábamos a sopesar esa publicación independiente diciendo que “… no representa necesariamente el marco conceptual de la revista, o no; pues en la revista no todos pensamos igual, aunque no necesariamente…”. Las metas financieras no logradas, hicieron que “Deja esa cotorra en paz” anduviera lamentablemente muy poco tiempo con nosotros.

Algo similar ocurrió con D TOKE, el suplemento juvenil de La Mosquitera realizado por Agustín Aguilera, Andrea Arenas y algunos chicos de la escuela Luis Quesada. Después de un par de números, el tema financiero y las exigencias que demanda sostener un espacio de esas características, superaron las posibilidades de los jóvenes y no pudimos remontarla.

La primera vez que marchamos por las calles de Mendoza con un cartel o bandera con el nombre de nuestra revista, fue cuando el intento de los ejercicios Águila III hacía fines del 2003, “…considerado el operativo militar más grande realizado en América Latina – agrupará a las fuerzas armadas de los EEUU, Chile, Paraguay, Brasil, Uruguay y Bolivia-  bajo la consigna de realizar un ejercicio combinado de adiestramiento aéreo coordinado por un grupo de instructores- norteamericanos todos – ‘con experiencia en conflictos reales’, verdaderos sanguinarios…” decía nuestra compañera de  redacción Cecilia Lamantia en parte de su nota respecto del tema en nuestra edición nº 28 de Octubre de 2003. Este fue otro de los momentos en que dimos otro paso adelante en eso ir generando la plataforma de nuestra propia identidad; éramos de La Mosquitera, hacemos una revista barrial con pretensiones, este tema nos incumbe, aquí estamos; orgullosos de estar! Y en medio de miles de mendocinos marchamos con nuestra bandera y fue hermoso. Mucho más, cuando la presión nacional en contra del Águila III logró la suspensión de los ejercicios que, entre otras cosas, consideraba dar inmunidad al personal militar norteamericano en suelo argentino si cometían algún exceso.

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