La comunidad de Mendoza se moviliza en una vigilia histórica frente al intento de reforma de la Ley de Glaciares, denunciando un avance sistemático sobre la soberanía hídrica y territorial. Desde una perspectiva que entiende la comunicación como un derecho social vinculado al bienestar de los pueblos, la jornada en Plaza Independencia se presenta como un espacio de resistencia ante políticas que buscan mercantilizar los recursos vitales.
“Es la única manera en la que se puede llegar a frenar es con el pueblo en las calles y con el pueblo organizado”, afirmó Meli, de la Asamblea Transfeminista La Terca, subrayando la importancia de defender el agua frente a los intereses de las corporaciones multinacionales.
El rechazo al proyecto de reforma legislativa se fundamenta en la protección del ambiente periglaciar, esencial para la vida en una provincia árida donde el retroceso de las masas de hielo ya es alarmante. Referentes sociales caracterizan este avance extractivista como un arreglo que favorece a las mineras en detrimento de las reservas históricas de la población.
“Es un crimen de lesa territorialidad… hacer lo que quieren hacer con los glaciares, para obtener el mineral que lo que sí se sabemos que tenemos agua”, señaló Polo Martínez Agüero durante la convocatoria, calificando este momento como una “bisagra” definitiva para el campo popular.
Esta movilización no es un hecho aislado, sino parte de una lucha integral contra un plan de ajuste que incluye reformas laborales y la criminalización de la protesta. La defensa de los bienes comunes es inseparable de la defensa de los derechos de la clase trabajadora y de las corporalidades que sostienen los barrios frente a la crisis.
Ante la amenaza de un retroceso histórico en las conquistas sociales, la organización directa surge como la única alternativa legítima: “mañana va a ser tarde, es importante que defendamos hoy el agua, los glaciares y todos los bienes comunes le pertenecen al pueblo”.
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