Politizar los afectos: la salida es desde abajo

El escenario político y social de América Latina atraviesa un profundo proceso de polarización signado por el avance de opciones de derecha que precarizan las condiciones de existencia de las mayorías populares. Frente a esta coyuntura, resulta indispensable trazar un diagnóstico crítico que permita identificar las lómicas de exclusión sistémica y las promesas incumplidas de las democracias institucionales tradicionales.

En este marco, Milagros Molina, comunicadora social, docente e investigadora integrante de la Red de Investigadores y Organizaciones Sociales de América Latina, convoca a repensar los lazos colectivos desde las bases para disputar los sentidos dominantes y desarmar las lógicas del miedo y la fragmentación vinculógena.

Para comprender la complejidad del presente, Molina señala que el malestar social se profundizó fuertemente tras la crisis de la pandemia, un período donde la angustia y la incertidumbre se entramaron para canalizar las frustraciones de manera horizontal.

“Se fue como dispersando o generalizando ese malestar más horizontal que un poco ha hecho que se rompan los vínculos sociales”, explica la investigadora, advirtiendo cómo los discursos de odio instrumentalizan el enojo de las clases trabajadoras hacia enemigos ficticios, ensañándose especialmente con los movimientos feministas y las disidencias.

Ante esto, democratizar la palabra y la información se vuelve una tarea urgente para romper con la dominación cultural que aísla y atomiza a las comunidades.

Este resquebrajamiento del tejido social suele verse respaldado por lógicas institucionales que penalizan la protesta, donde manifestarse pacíficamente en defensa de los derechos humanos, los recursos comunes o la dignidad del pueblo pasa a ser perseguido criminalmente.

Sin embargo, la historia de los pueblos latinoamericanos demuestra que las respuestas transformadoras no provienen únicamente del voto de la democracia delegativa, sino de la potencia inquebrantable de los entramados comunitarios organizados en el territorio.

Molina destaca la necesidad de “inscribirnos en una tradición” de lucha a largo plazo, reivindicando ejemplos históricos como las Madres de Plaza de Mayo o el movimiento zapatista, experiencias colectivas que supieron abrir horizontes y alternativas de vida en los momentos de mayor opresión.

La disputa actual exige pasar de la resistencia fragmentada a una articulación profunda de la subjetividad colectiva y participativa. Frente a proyectos políticos que utilizan el odio y el resentimiento como herramientas eficaces de triunfo electoral, la salida duradera radica en construir prácticas solidarias que pongan el cuidado mutuo y la vida en el centro.

Como sostiene la especialista, el desafío de los movimientos sociales hoy consiste en “politizar los afectos y volver a recuperar esa potencia vital que tiene el encuentro, la comunidad, la solidaridad”. Solo mediante el ejercicio efectivo de una democracia de base, plural y diversa, se podrán revertir de raíz las condiciones de desigualdad y precarización existencial.

En este mapa de resistencias territoriales, la comunicación popular y los medios autogestivos se posicionan como trincheras esenciales para desmontar el cerco informativo impuesto por la concentración mediática de los grandes grupos económicos. Estas herramientas permiten que la palabra circule con otros tiempos, categorías y matices, visibilizando la agenda de los sectores populares y propiciando una escucha consciente y receptiva.

Romper el monólogo de las narrativas del odio es el primer paso indispensable para reafirmar la identidad cultural y edificar una sociedad verdaderamente justa, solidaria e inclusiva.

Para profundizar en este análisis urgente sobre el destino de nuestra región y conocer las alternativas que se construyen desde abajo, te invitamos a escuchar el audio completo de la entrevista con Milagros Molina:

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