Paula Giménez, psicóloga, militante de Derechos Humanos e integrante del convoy humanitario que intentó llegar a Gaza, compartió su experiencia de detención arbitraria en Libia y habló sobre la importancia de seguir denunciando y visibilizando la situación del pueblo palestino.
“La ayuda humanitaria no es delito, la solidaridad no es delito”. Con esa definición, Paula Giménez sintetiza una experiencia que comenzó como una acción internacional de solidaridad con Palestina y terminó con diez personas detenidas durante 30 días en Libia, sin garantías legales ni institucionales.
Paula es psicóloga, militante de Derechos Humanos e integrante del convoy humanitario de Global Sumud, una iniciativa de voluntarios civiles y desarmados que buscaba atravesar el norte de África para llegar a Gaza y romper el bloqueo mediante el ingreso de ayuda humanitaria.
La experiencia fué compartida en “Relatos de Resistencia”, una propuesta de encuentro y debate impulsada por la mesa de trabajo del Espacio de Memoria Ex Comisaría Séptima, donde Paula junto a Lucas Aguilera, también integrante del convoy compartieron su experiencia el pasado viernes 18 de septiembre.
Un convoy para llevar ayuda humanitaria a Gaza
El recorrido comenzó el 6 de mayo. Desde Mauritania, Marruecos, Argelia y Túnez, el convoy avanzó hacia Libia con un objetivo concreto: atravesar Egipto y llegar a Rafá para ingresar ayuda humanitaria destinada a la población palestina.
Ambulancias, medicamentos, alimentos, equipamiento técnico y casas móviles formaban parte de una enorme caravana que buscaba llevar asistencia a una población atravesada por una situación humanitaria extrema.
Pero en Libia comenzaron los obstáculos.
Según relató Lucas Giménez, durante más de una semana permanecieron acampando y negociando para poder continuar el recorrido. La fragmentación política del país y las restricciones impuestas en el este de Libia terminaron impidiendo el paso.
El 24 de mayo, un pequeño grupo de diez personas que participaba de las negociaciones fue detenido. La detención se extendió hasta el 24 de junio.
“Nos tuvieron presos durante 30 días sin ningún tipo de garantía legal ni institucional”, contó Paula durante la entrevista.
Una de las ambulancias que había logrado atravesar el límite territorial fue secuestrada. El resto de la ayuda humanitaria quedó en Trípoli, mientras continúan las gestiones para intentar que pueda llegar finalmente a destino.
“No nos pueden disciplinar”
La experiencia de la detención dejó marcas. Paula contó que durante esos 30 días vivieron en condiciones de extrema precariedad, sin atención médica y bajo una permanente incertidumbre respecto de su futuro.
Pero también destacó la fuerza colectiva que encontraron en el grupo.
“La fortaleza fue el grupo”, explicó. Personas de distintos países, con historias y recorridos diferentes, compartieron huelgas de hambre y estrategias para resistir la situación.
El regreso tampoco fue sencillo. Giménez relató el impacto psicológico que tuvo la experiencia y reconoció que atravesó un fuerte golpe emocional después de la liberación.
Sin embargo, esa experiencia no significó el repliegue.
“Por más que quieran deshumanizarnos, no van a disciplinarnos”, sostuvo.
Desde allí, planteó una idea que atraviesa su participación en “Relatos de Resistencia”: frente a la violencia y la vulneración de derechos, la respuesta no puede ser el silencio ni la inacción.
“La inacción no es una opción”, afirmó, convocando a seguir encontrando formas de comunicar, denunciar y actuar.
La solidaridad también pone el cuerpo
Para la entrevistada, participar de la flotilla fue una decisión colectiva de solidaridad internacional. La convocatoria de Global Sumud estaba abierta a civiles voluntarios que quisieran acompañar la acción humanitaria.
La intención era llevar ayuda, pero también poner el cuerpo frente al bloqueo y visibilizar en Argentina la situación del pueblo palestino.
La detención terminó generando una repercusión internacional que, según Paula, permitió que la causa palestina ocupara un lugar mayor en la agenda pública argentina.
“Querer ayudar a Palestina no puede ser un delito”, remarcó.
La frase condensa una de las principales discusiones que atraviesa el relato: qué sucede cuando la solidaridad humanitaria es criminalizada y qué lugar ocupa la comunidad internacional frente a una situación de violencia que, para Giménez, constituye un genocidio.
Derechos Humanos, memoria y resistencia
El encuentro en la Ex Comisaría Séptima adquiere además una dimensión particular para Paula. Su propia historia familiar está atravesada por la lucha por Memoria, Verdad y Justicia: su madre tiene a su marido desaparecido y su hermano es hijo de desaparecidos. Julio Pacheco fue desaparecido el 7 de abril de 1977 en Las Heras, Mendoza.
Desde esa historia, la defensa de la vida y la dignidad aparece como un hilo que conecta distintas experiencias de resistencia.
“Luchamos por la vida, por la dignidad, por la paz y contra la violencia”, expresó.
Así, “Relatos de Resistencia” propone no solamente reconstruir lo ocurrido durante aquellos 30 días de detención, sino también abrir una conversación sobre las formas de resistir en tiempos atravesados por la violencia, la persecución y la vulneración de derechos.
Porque recordar las luchas del pasado también puede ser una herramienta para leer las luchas del presente.