Subirse a la barra para romper prejuicios y ganar confianza

Fuerza, resistencia, danza, acrobacia y expresión artística se encuentran en el Pole Dance, una disciplina que sigue creciendo y que también busca romper con los prejuicios que históricamente la rodearon. Claudia Cereda, profesora de Pole Dance, pasó por En Colectivo para contar de qué se trata esta práctica, quiénes pueden realizarla y por qué nunca es tarde para animarse.

Hablar de Pole Dance todavía despierta asociaciones cargadas de prejuicios. Sin embargo, detrás de una figura, una subida o una coreografía hay horas de entrenamiento, fuerza, resistencia, coordinación, musicalidad y, sobre todo, un proceso de aprendizaje que cada persona transita a su propio ritmo.

Claudia Cereda conoció esta disciplina durante la pandemia. En aquel momento, sin experiencia previa en actividad física y con 11 kilos más, buscaba una práctica que le permitiera salir de la rutina y despejar la cabeza. Cinco años después, aquella experiencia se convirtió en una pasión, en una formación profesional y en un espacio de encuentro junto a sus alumnas.

“Es un viaje de ida: te empieza a cambiar el cuerpo, te empieza a gustar porque le agarrás confianza, perdés miedo y te va gustando mucho lo que vas logrando con el cuerpo.”

Sacar al Pole Dance del prejuicio

Una de las principales tareas que Claudia reivindica es defender al Pole Dance como deporte y como disciplina artística, separándolo de la mirada reduccionista que lo vincula exclusivamente con la sensualidad.

La práctica tiene distintas ramas. Está el Pole Sport, centrado en la fuerza, los trucos, las transiciones, las subidas y las figuras; y también el Exotic Pole, que incorpora tacos y una dimensión más sensual y expresiva.

Pero hay algo que atraviesa todas esas posibilidades: el cuerpo como herramienta de expresión y aprendizaje.

“Trabajamos con barra fija, que es más de fuerza, más de sport, trabajamos trucos”, explica Claudia, quien destaca también la importancia de la musicalidad: escuchar la música, conectarse con ella y construir una historia a través del movimiento.

No hace falta llegar con un cuerpo determinado

Uno de los prejuicios más frecuentes es pensar que para practicar Pole Dance hay que tener determinada condición física. La experiencia de Claudia demuestra justamente lo contrario.

Ella comenzó desde cero, sin actividad física previa. Con el tiempo, el entrenamiento le permitió descubrir nuevas capacidades, fortalecer su cuerpo y también transformar la manera de relacionarse con él.

Por eso insiste en que no hay una edad, género o cuerpo específico para comenzar. En sus clases participan niñas, adolescentes, jóvenes, personas adultas y mayores. Incluso cuenta con alumnas con distintas discapacidades y destaca el acompañamiento de las familias.

Su alumno más grande tiene 68 años.

“No importa la edad, no importa el género.”

La clave, explica, está en trabajar sobre los objetivos de cada persona y evitar las comparaciones: cada cuerpo tiene sus propios tiempos, posibilidades y procesos.

Una práctica individual que se construye en colectivo

Aunque cada persona realiza sus propias figuras y trabaja sobre sus capacidades, las clases están atravesadas por una fuerte dimensión colectiva.

Compañeras que se asisten, se acompañan, se esperan, se aplauden cuando una figura finalmente sale y comparten también las frustraciones forman parte de una dinámica que va mucho más allá del ejercicio físico.

“Después nos terminamos aplaudiendo todas. Eso es lo mejor, la confianza que ganan.”

Para Claudia, esa construcción de confianza también trasciende la academia. Lograr una figura que parecía imposible, sostener el propio peso o animarse a una inversión puede convertirse en una experiencia que luego se traslada a otros aspectos de la vida cotidiana.

El cuerpo aprende, pero también aprende la confianza.

Entrenar, cuidarse y aprender sin compararse

El Pole Dance requiere constancia y entrenamiento. Claudia recomienda asistir dos o tres veces por semana para poder observar avances y sostiene que la práctica debe realizarse de manera progresiva y consciente.

La seguridad también es parte fundamental del aprendizaje. Las clases cuentan con colchonetas y tatamis y se trabaja con asistencia de la profesora o de las propias compañeras cuando una figura lo requiere.

“Nunca compararse con nadie, porque la verdad que yo pude ir a mi primer clase y hacer de todo, pero también me puede faltar un poco de flex.”

El objetivo no es hacer “lo que hace la otra persona”, sino descubrir hasta dónde puede llegar cada cuerpo.

Una muestra para compartir lo aprendido

El próximo 26 de septiembre, las alumnas de Claudia realizarán una muestra en la que podrán compartir parte del trabajo que vienen realizando durante las clases.

La actividad forma parte de un proceso de entrenamiento que, según cuenta la profesora, tiene como pilares la contención, el aprendizaje permanente, el compañerismo y el respeto por los tiempos de cada persona.

La invitación está abierta también a quienes todavía sienten vergüenza o creen que “no pueden”. Porque, como demuestra la propia historia de Claudia, no hace falta llegar sabiendo: se empieza, se aprende y se construye en el camino.

Pole Dance en Mendoza: animarse a ocupar el espacio

Claudia dicta sus clases en Fénix Pole Dance, en calle Morón 185, con diferentes horarios y propuestas para distintas edades, además de clases particulares y talleres.

También sueña con seguir formando a sus alumnas, participar en competencias y poder llevar algún día la representación de Mendoza a escenarios de otras provincias.

Mientras tanto, el desafío cotidiano es más cercano: que cada persona pueda descubrir su propio cuerpo, ganar confianza y disfrutar del movimiento sin cargar con prejuicios ajenos.

Porque detrás de una figura hay fuerza. Detrás de una coreografía hay entrenamiento. Y detrás de cada persona que se anima a subir a la barra, hay una historia de aprendizaje.

📻 Escuchá la entrevista completa a Claudia Cereda en En Colectivo y conocé más sobre el Pole Dance, sus distintas ramas, las experiencias de sus alumnas y la invitación a sumarse a esta disciplina.

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