TODOS AFANAN, PERO ESTOS…, ESTOS NO CONVIDAN

Por Rubén Vigo

Esto de andar afanando cosas es pura manía, y la mía es la de andar por las calles de puro afano, en la parada del colectivo, en la carnicería, en lo del Melli también, ¿por qué no? Pero este achaque que me mandé hace poco fue en la verdulería. Se puede andar pensando mal de mí, pero aclaro que no manoteé ni guita, ni un pimiento, para decirlo con todas las letras, este afano que hice, y vengo haciendo con frecuencia, es el de la filosofía popular. Uno anda caminando desprevenido, así, con esta cara de boludo que conseguí sin esfuerzo, atento a las frases, alerta el oído, los ojos abiertos, buscando plagiar a los que saben. Por los barrios, hay que salir a aprender, no a enseñar. En las barriadas está la sabiduría, ahí es donde se lucha para buscar el peso entre las acequias, ahí es donde se burlan del bolsillo vacío como se puede, ahí sí que saben de economía, de cómo encontrar un diez, un cincuenta, y si Diosito lo permite un billete de cien, aunque hoy ya no valgan ni mierda. Magas, faquires, equilibristas son. Los pendejos piden leche, piden pan, ¿y no se lo dan?, ¡se lo tienen que dar!, piden carne ¿y le dan un hueso?, ¡carne también tienen que darle! Así que hay que aprender en donde saben, en las bibliotecas uno se instruye, pero acá en los barrios está la indiscutible filosofía popular, la verdadera patria.

El título de la nota dice todo, y para estos tiempos, carajo que vale. La frase robada es reciente, de los últimos meses. Después de transcurrido un par de añitos, ya prudenciales para cumplir con la promesa de vivir mejor del nuevo gobierno democrático votado por el pueblo. Todas y todos estamos esperando de quienes manejan los destinos de la patria, las alegrías que merecemos como ciudadanos, por lo menos que nos tiren una soga, pero no al cuello. Quién puede refutar algo tan elocuente como querer estar mejor?

La pregunta que hago en la verdulería es precisa, -Che, ¿cómo van las cosas?- y la respuesta llega con la justeza de la sabiduría. Así, al paso, como quien no quiere la cosa, devuelve el verdulero, -se vende menos, mucho menos-, bastó, es suficiente el comentario, no valen casi las aclaraciones, pero como uno anda afanando dichos y filosofía popular, entonces insistí para recibir un poco más, seguro que si aprieto va a soltar algo que me sirva, algo que me deje lleno, y ahí replicó a la espera de conclusiones económicas, de números complejos, como los que pasan en la tele, esos que salen impresos en los diarios en grandes titulares, elucubraciones de sumas y restas, de inversiones y bolsas, de acciones y riesgo país, que el FMI, que la ONU, que la OPEP, que fangulo, y mejor no preguntar quien es Fangulo, porque la rima es peligrosa. Pero el sabio verdulero otra vez me sale con la justa, me bate la precisa, y dice, -sabe lo que pasa Don, todos los que gobernaron este país, todos…, siempre afanaron, siempre, los peronistas, los radicales, los milicos, si ponían un partido de blancanieves se afanaban hasta los enanitos, yo le digo Don, todos afanaron, hombres, mujeres, vivos, tarados, porque también hubo cada tarados que pa’ que contarle no? si usted lo debe saber bien, ¿o no? dele diga, lo que pasa es que este Ispa da pa’ todo vio, sino, no estaríamos tan mal, pero sabe una cosa Don, estos que están ahora también afanan, sabe qué, estos afanan pero no convidan-. La puta que me quedó rebotando en el bocho ese final, qué frase, qué buen afano, me había ganado el día y eso que fui sólo por un kilo de papas y un poco de perejil. Me quedó eso de no convidan, no convidan, no convidan. El pueblo en general, por no decir la mayoría, tenemos el bocho puesto en que el otro afana, y las otras también, porque acá no se salva nadie, no es cuestión de género, es cuestión de la otra o el otro, nunca uno, nunca en primera persona. Para nosotros, el pueblo, el que está en política afana, sino hizo nada afanó sin hacer nada, si hizo algo afanó pero algo hizo, y cuando hizo mucho, afanó mucho porque el vago o la vaga hicieron mucha diferencia. Nadie se salva del juicio de las mayorías. Si te metés en política, andá sabiendo, por más bueno que seas, por más que seas Jacinta Pichimauida, o Mafalda, o Margarito Tereré, y ahí sí que se me notaron los años, vas a ser un chorro. Si te vas rico del gobierno, te la llevaste toda, si te vas como viniste o más pobre de lo que entraste (quién carajo me va a creer que alguien se vaya más pobre), tenés un testaferro para guardarla y vivir de joda toda tu vida. Así es la cosa compadre y comadre, en la verdulería se vende menos, la leche es un lujo para las barriadas, y la carne viaja en despedida por las góndolas. La sabiduría popular dice entonces, acá nos falta, porque todos afanaron, pero estos, estos no convidan. Parece que se nota que hubo tiempos mejores donde se convidaba, pero ahora minga. Igual yo, voy a seguir afanando filosofía, les dije que es un vicio, pero de paso aprendo, aprendo ahí, donde saben remarla en dulce de leche, y el País, ese País de los suburbios, habla donde puede y dice: -Sólo nos visitan para las elecciones Don, acá vienen sólo para los votos, después no se les ve más la jeta Don-, -¿é o no é Don?, diga, diga-.