¿Y si el agronegocio deja que la ciencia nos cuide?

La labor científica investiga y, después, sus resultados se aplican a la vida diaria para aportar mayor calidad de vida y futuro. En todo país serio existen instituciones, públicas y a veces privadas, que apoyan la ciencia.

No es nuevo que el poder dominante arrasa con todo…aunque en ese “todo” se lleve puesta la salud de la gente. Este es el caso de un país, que tiene una institución que nació a mediados del siglo pasado, el INTA, en cuya página oficial dice que “contribuye al crecimiento sostenible del sector agropecuario, agroalimentario y agroindustrial…para el crecimiento del país”

En el programa En Colectivo, entrevistamos a la Ingeniera Agrónoma Virginia Aparicio, Doctora en Ciencias Agrarias, especialista en el uso de agrotóxicos, y que desde hace algunos años es parte de un proyecto internacional llamado SPRINT (Sustainable Plant Protection Transition: A Global Health Approach) o “Transición sostenible de protección vegetal: Un enfoque de salud global”, en el que participan 10 países europeos, y de América el único era la Argentina, a través del INTA, además de estar también participando la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

El proyecto SPRINT nació en 2018, y la Argentina se sumó en 2020/2021, tiempos en los que la Dra. Aparicio comenzó a trabajar en él, siendo una de las referentes más encumbradas del mismo. Sin embargo, hoy está siendo duramente perseguida y fue obligada a retirarse del proyecto.

Le preguntamos a Virginia cómo comenzó su carrera científica y nos respondió: “Empecé a trabajar en el INTA de Balcarce, que está a unos 70 kilómetros de Mar del Plata -cuando era estudiante de agronomía en el 97 y cuando me recibí, de ingeniera agrónoma entré a planta transitoria en el 2004, así que del 2004 a la fecha estoy trabajando en el área de suelos con recursos naturales, su protección, el vínculo que tiene con los plaguicidas, si estos se distribuyen por aire, por agua, si se transportan, bueno una serie de cosas y de procesos que tienen que ver con el cuidado de los recursos naturales.”

“En el 2018 nos ponemos a trabajar con un grupo de investigadores de Europa en la elaboración de una propuesta que sigue todos los caminos regulares, hasta llegar a ser aprobado por la Comisión Europea y financiado con 14 millones de euros para estudiar la distribución de más de 200 plaguicidas de uso actual en muestras ambientales, vegetales, animales y en el ser humano.

“Ese trabajo lo desarrollamos en 9 países europeos más Argentina, que era el único integrante de este continente”

“El objetivo más importante que tiene SPRINT es construir lo que nosotros llamamos una caja de herramientas para ver todos los efectos que tienen las mezclas de plaguicidas en la salud ambiental y de los ecosistemas y del hombre y contribuir a diseñar políticas públicas, similares a las que tienen los europeos (y que estaría buenísimo que tengamos nosotros, pero todavía no existe), que es reducir el uso de plaguicidas a un 50% del uso actual en el 2030.”

La entrevistada nos comenta que la primera etapa sí la pudieron cumplir en Argentina, involucraron voluntarios, un tercio de ellos eran habitantes urbanos de las ciudades Mar del Plata, Tandil, Necochea, Tres Arroyos. Otro tercio eran habitantes que no tenían que ver tampoco con la producción agropecuaria, pero eran de pueblos más pequeños, que ambientalmente se supone están más en contacto con los plaguicidas. Y por último, los productores agropecuarios.

“Con eso teníamos un gradiente de exposición que nos permitía ver si todos estaban teniendo carga de plaguicida en su cuerpo, es decir, en su materia fecal, en su sangre, en su orina, en su hisopado nasal.”

También les colocamos o pedimos que usen una pulserita durante 7 días para hacer todas sus actividades normales y medimos lo que tenían esas pulseras. En las pulseras, quedaban adheridas las sustancias químicas transmitidas a través del aire y no importaba que el individuo se bañe, haga deporte o esté en el comedor de su casa mirando tele. Esas muestras luego también se medían. Además,  les pedimos a esa población que barriera su casa y guardamos ese polvo, lo analizamos y encontramos también entre 40 y 48 productos químicos diferentes.”

El Proyecto Sprint puso la lupa sobre las matrices ambientales y biológicas humanas de los pueblos fumigados bonaerenses y mostró lo que el Agronegocio no quiere se sepa:

Luego de los resultados analizados, en diciembre de 2023, las autoridades del INTA decidieron que la Argentina se “retirara” de este super proyecto tan importante. No dieron muchas explicaciones.

Pero el proyecto, continuó en Europa, con la información generada: se hicieron ensayos toxicológicos de esas mezclas, se hicieron algunas investigaciones en salud humana de células respiratorias, de células digestivas, es decir que hubo un combo muy impresionante en la generación de información.

Cuando la Dra Aparicio comenzó a preparar todo para comunicar los resultados, el INTA le prohibió hacerlo. Debió suspender una reunión que ya tenía preparada para dar la información de los resultados a los voluntarios que participaron de la muestra.

Además, el INTA ya había iniciado sumario para “deslindar responsabilidades de quienes participamos de este proyecto que el INTA inicialmente avaló”. “Transcurrió todo el 2025, con pruebas para un lado y para el otro, que formalmente entregué y presenté, pero que no se tuvieron en cuenta, porque desde el día uno a mí me pedían exonerarme y a mis compañeros suspenderlos. También hay una asimetría en la responsabilidad y en el disciplinamiento.

La exoneración solo se ha desarrollado o ha tenido lugar durante la dictadura, es la medida la más grave dentro de la administración pública. Ahora estoy en modo lucha, nos dice la Dra. Aparicio

“La información está circulando mucho, la gente va tomando conciencia y creo que este proyecto SPRINT también ha ayudado para visibilizar que no solo es un problema del campo.

“El campo produce alimentos para todos. Lo que no se puede exportar termina en nuestra mesa o en nuestro mate”

“A nivel internacional también existe ese poder o los intereses económicos de algunos megaempresarios, tecnoempresarios que se meten tan ferozmente a intervenir en esto tan vital y tan clave como es la salud. Sí, eso sucede, digamos dentro del proyecto SPRINT un colega de Italia ha sido desplazado de su lugar de trabajo; es un médico que trabajaba en los efectos carcinogénicos del glifosato, participaba en el proyecto pero tenía otros proyectos internacionales también. Y fue desplazado de su lugar de trabajo por los resultados que tenía.”

La Dra nos comentó que hubiera pasado si no le censuraran y el proyecto hubiera continuado. Su compromiso con los productores que participaron era trabajar en sus propios establecimientos, utilizándolos como modelos para los vecinos, digamos, en mejorar las prácticas que hacen a que reduzcan los índices de contaminación de recursos naturales y de sus propios cuerpos, de sus familias. Fantaseaba bastante con que podía ser un efecto dominó en el que se advirtiera que se puede producir diferente y se puede generar alimentos diferentes y se puede ser más amigable y con el propio ambiente en el que uno vive.

“Cuando la información existe y se discute con ciencia rigurosa, se puede ir viendo la manera de mejorar en las distintas instancias políticas. No puedo creer que el Estado no tome las medidas que corresponden para cuidar a las personas”

El INTA nació para eso. Pero en estos últimos años, parece que se ha desvirtuado su objetivo inicial y aquel que mantuvieron durante décadas, estando al servicio de la población.

Tenemos la responsabilidad, por nosotros y por las generaciones que vienen atrás, de dar la lucha. Como está haciendo la Dra Virginia Aparicio. No está sola. Somos millones!

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