La polarización social y el poder de las redes digitales en democracia

El avance electoral de las ultraderechas vuelve a encender las alarmas en América Latina. Brasil, una de las principales potencias económicas de la región, atraviesa este próximo domingo una disputa decisiva que excede las candidaturas y pone en juego el rumbo político del continente. En diálogo con En Colectivo, Carlos Raimundi compartió sus impresiones tras participar como observador de las elecciones en San Pablo, invitado por el Partido de los Trabajadores (PT), y planteó una preocupación central: no alcanza con ganar las elecciones si los resortes fundamentales del poder permanecen en manos de los mismos sectores económicos, financieros y mediáticos.

El entrevistado reconoció que los resultados no lo sorprendieron por completo, aunque sí generaron una fuerte preocupación entre quienes acompañan el proyecto político de Luiz Inácio Lula da Silva. Según explicó, el gobierno brasileño impulsó medidas para reducir la pobreza y la desocupación, al tiempo que sostuvo la actividad productiva. Sin embargo, esos avances no fueron suficientes para contrarrestar el crecimiento electoral de la derecha.

Para el dirigente, la explicación no puede buscarse en un único error del oficialismo, sino en una acumulación de factores que incluye las limitaciones de las alianzas políticas, el endeudamiento de las familias, las demandas de seguridad y, fundamentalmente, la capacidad de la derecha para imponer sus discursos a través de las redes sociales, las plataformas digitales y los grandes intereses económicos.

Las redes, el odio y el poder económico detrás de la polarización

Uno de los ejes centrales del análisis de Carlos fue la disputa por el sentido común. El entrevistado sostuvo que las derechas cuentan con una enorme capacidad para construir relatos que penetran en distintos sectores sociales, incluso entre quienes históricamente formaron parte de los movimientos populares.

“Hay mucho poder financiero, económico, poder internacional, planificación, manejo de las redes, que crean un relato y un sentido común en la sociedad”, señaló.

En ese escenario, los problemas cotidianos se convierten en herramientas de disputa política. La inseguridad, el endeudamiento familiar y el malestar social son utilizados para instalar respuestas punitivistas y discursos de odio, mientras quedan relegados los debates sobre las desigualdades estructurales y las responsabilidades de los sectores concentrados.

Raimundi también advirtió sobre la influencia de Donald Trump en la campaña brasileña. Según relató, las amenazas de una posible crisis económica, sanciones comerciales o restricciones al intercambio con Brasil buscaron condicionar la decisión electoral de la población.

El desafío, entonces, no consiste solamente en mostrar los resultados de una gestión, sino también en disputar los marcos desde los cuales la sociedad interpreta su propia realidad. Para el analista político, esa tarea requiere construir una red de comunicación y organización popular capaz de contrarrestar el poder de las grandes plataformas.

La derecha también disputa los territorios y las creencias

El crecimiento de los sectores ultraconservadores, según el análisis del entrevistado, tampoco puede comprenderse sin atender a su inserción territorial y a la influencia de determinados espacios religiosos.

Diferenció expresamente a las iglesias evangélicas en su conjunto de aquellos sectores que, según afirmó, articulan posiciones políticas reaccionarias con fuertes financiamientos y alianzas internacionales.

También señaló que el PT fue perdiendo parte de su presencia en las bases sociales y en algunos espacios comunitarios a medida que su militancia asumió responsabilidades de gobierno. Esa distancia, sostuvo, dejó terreno disponible para otras fuerzas políticas.

La advertencia apunta a una cuestión que atraviesa a buena parte de América Latina: cuando las organizaciones populares se alejan de los territorios, la derecha encuentra oportunidades para organizar el descontento, disputar las creencias y consolidar una identidad política basada en el rechazo a lo público, la criminalización de la pobreza y la exaltación del orden.

Durante su recorrida por San Pablo, Raimundi reconoció discursos que también circulan en Argentina y otros países: el cuestionamiento al Estado, la deslegitimación de los gobiernos populares y la idea de que las personas pobres son responsables individuales de su situación. Un sentido común que, a su entender, contribuye a profundizar la polarización social.

Algoritmos y democracia, una nueva frontera de la disputa política

Otro de los temas abordados fue el papel de las plataformas digitales y la inteligencia artificial en los procesos democráticos. Raimundi utilizó el concepto de algocracia para referirse al poder que adquieren los algoritmos y las grandes corporaciones tecnológicas sobre la circulación de información y la formación de opiniones.

Como ejemplo, mencionó las granjas de bots, estructuras que utilizan numerosos dispositivos para multiplicar mensajes en las redes y generar artificialmente determinados climas de opinión. También advirtió sobre los riesgos potenciales de la intervención tecnológica en los sistemas electorales, aunque aclaró que no había observado en Brasil indicios de una manipulación estructural del recuento de votos.

Su planteo es que la democracia no se juega únicamente en el cuarto oscuro. También se disputa en los espacios donde se produce y circula la información, se construyen las agendas públicas y se condicionan las decisiones de millones de personas.

Recuperar el gobierno no alcanza si no se disputa el poder real

Hacia el final de la entrevista, Carlos Raimundi dejó una reflexión que conecta la situación brasileña con los desafíos de las fuerzas populares de toda la región. Para el dirigente, volver al gobierno es un objetivo necesario, pero insuficiente si no se modifican las relaciones de poder que condicionan las decisiones políticas.

“Si nosotros llegamos al gobierno, pero las plataformas virtuales, las redes, los medios de comunicación, el aparato judicial, el sistema financiero siguen quedando manejados por el poder real, vamos a tener una nueva frustración”, afirmó.

La advertencia pone sobre la mesa una discusión urgente para América Latina: cómo reconstruir la organización popular, recuperar la iniciativa política y enfrentar a las ultraderechas sin reducir la democracia a una competencia electoral.

En un continente atravesado por la desigualdad, la concentración económica y la disputa por la soberanía, lo que ocurra en Brasil tendrá consecuencias que van mucho más allá de sus fronteras.

Escuchá la nota completa con Carlos Raimundi en En Colectivo, con el análisis sobre el avance de las ultraderechas, la polarización social y los desafíos que enfrenta la democracia en América Latina.

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