NO SOY DE AQUÍ, NI SOY DE ALLÁ

Por: Fernando Álvarez

Somos inmigración, porque somos hijos de la inmigración, reciente, lejana o lejanísima. Tal vez nuestra verdadera patria sea el camino, porque en definitiva, siempre estaremos de paso. Eso es lo que pienso, lo que en la soledad de mis dudas concibo como certeza. Sin embargo, como persona atravesada por las contradicciones de mi época, escucho el himno en el mundial y vuelvo a sentirme hermanado con un montón de gente que no conozco, con la que comparto bastante poco, y con la que probablemente me separen diferencias irreductibles.

Porque los nacionalismos son una creación –bastante moderna por cierto– cuya función principal es mantener a un grupo de personas bajo la ilusión de la unidad. Según la vieja maestra llamada historia, las naciones surgen –por lo menos en occidente– para asegurar el trabajo de los campesinos atados a la tierra, cuando estos comenzaron a rebelarse contra el poder aldeano de los señores feudales. Aparece entonces un poder superior, centralizado, manejado por un rey absoluto, que unifica pueblos y comunidades distintas por la fuerza, para luego crear una simbología nueva que los aglutine, que los pegue entre sí como plasticola. Para esto se crean una serie de instrumentos tales como un ejército único, una serie de leyes comunes, una administración centralizada y por supuesto una serie de impuestos para todos los miembros de esta flamante creación moderna llamada Nación. Ésta es, queridas vecinas y vecinos, una aceleradísima clase acerca de cómo y por qué surgieron las naciones.

Este orden recién amasado, fue traído desde Europa e implantado por la fuerza en América, a partir de 1492, provocando entre otras cosas el mayor genocidio de la historia de la humanidad, alrededor de 80 millones de personas asesinadas en 50 años, una marca no superada hasta el día de hoy por ninguna de las máquinas genocidas generadas por la humanidad. Somos hijos de todo eso, mal que nos pese. Una marca de nacimiento común, que llevamos todos en América Latina, haber heredado el espíritu de conquista y la memoria de aquel genocidio. Esa sí podría ser nuestra marca de identidad común.

Bailando en el país de no me acuerdo

Ofende la inteligencia que alguien crea que nuestros problemas son culpa de los inmigrantes pobres y morochos que llegan de Bolivia, Perú, Paraguay o algún otro país sudamericano. Es un pensamiento que no se sostiene bajo ninguna lógica, ni puede ser confirmado por ninguna estadística, es como cuando los nazis decían que los rusos estaban condenados a ser sus esclavos naturales, o como cuando algún cabeza de nalga, larga por ahí que la gente de las villas vive mejor que la clase media, o cuando se sostiene que el pobre quiere ser pobre.

Este tipo de nacionalismo selectivo que se la agarra con los hermanos pobres de nuestra América, pero ve con buenos ojos al rubio estafador financiero llegado del norte, o ve rubio al morocho empresario local que todos saben que la hizo robando millones, pero “la hizo bien”, y encima pegó novia modelo. O a nuestro mismo presidente que tiene 214 causas judiciales, por robo, desvío de fondos, falsificación, espionaje, etc.… y sin embargo una buena parte de la sociedad lo votó, porque venía a traer “honestidad” y “transparencia”. ¿Quién podía creer ese cuento sino aquél que realmente tenía un pacto tácito consigo para no pensar, para no reflexionar, para dejarse guiar por ese corazoncito facho que le decía “basta de darle a los grones, que al final están viviendo mejor que nosotros”.

Es dentro de esa gran danza hipócrita que estamos bailando en la actualidad, en la que nadie parece decir lo que realmente piensa, donde toma sentido este decreto emitido por nuestro emérito presidente, por el que se restringe la entrada y permanencia de los inmigrantes de países limítrofes a nuestro país. Torciendo así una de las políticas que nos destacaban en el mundo, aquella que reconocía el derecho a emigrar como un derecho humano. Al instante, el victorioso aparato mediático (es decir los canales, diarios y radios mas consumidos por la gente) salió a bancar los trapos, puntualizando sobre el decreto aquello que sonaba más amable al oído del consumidor: sólo se impide la entrada a quienes tengan antecedentes y se expulsará a los que participen en el narcotráfico, para esto sacan a relucir datos estadísticos engañosos sobre la cantidad de inmigrantes que están en las cárceles. Lo que no aclaran es que ese decreto está diseñado pura y exclusivamente para los inmigrantes pobres: ésos, son los que están molestando.  Es muy interesante escuchar lo que plantean los abogados del CELS sobre este decreto (http://agencia.farco.org.ar/noticias/el-gobierno-modifico-por-decreto-la-ley-de-migraciones-para-facilitar-la-expulsion-de-extranjeros/), ya que desmenuzan los argumentos con que supuestamente se hace el decreto (defensa frente al narcotráfico) y evidencian las verdaderas razones (restringir la entrada de inmigrantes pobres desde Bolivia, Perú y Paraguay).

¿Alguien realmente cree que el narcotráfico en la Argentina lo están manejando algunos pobres diablos desde las villas miseria?

De repente el país más abierto a la inmigración del mundo se está transformado de a poco en un país perseguidor de pobres. Todo esto con la connivencia de los que aceptan callando, de los que se escudan en sus prejuicios y tragan y repiten cada día la sopa que nos entregan los medios privados de comunicación, sin ponerse a pensar demasiado. Porque pensar es un ejercicio peligroso que a veces puede hacer que uno se enfrente con sus propios fantasmas.

Bienvenidos al show

Ese nacionalismo selectivo es el mismo que hasta hace poco lanzaba cadenas de oraciones por el pequeño Aylan Kurdi ¿se acuerda? El niño sirio ahogado en el mar mediterráneo cuando sus padres huían de la guerra y el hambre, ¿se acuerda de esa imagen tremenda? Bien, le comento que el drama de los refugiados y los niños bombardeados, asesinados, ahogados sigue exactamente igual que entonces, sólo que no lo vemos, porque para los medios pasó de onda.

Ese hecho, como otros tremendos forman parte de la guerra contra el inmigrante, que se ha desatado en el “primer mundo”,  ese espectáculo que hasta ahora veníamos mirando por t.v. un poco desde afuera. Esto no quiere decir que seamos un país exento de racismo ni mucho menos, pero dentro de todo, aquí han podido convivir en armonía gente de culturas diversas, de hecho el conventillo, esa casa donde convivían criollos, turcos y gringos, aún sigue siendo un símbolo nacional.

Hoy, después del decreto presidencial, han aparecido algunas voces que estaban algo calladas, y que proponen endurecer la política migratoria de la Argentina. En este contexto, la idea de hacer un muro contra algún país vecino no suena como el desvarío de un trasnochado, y como siempre hay gente para todo, tal vez aparezcan algunos Mikis Vainillas que militen esa idea. Lo importante, es que el resto deje de mirar con sus prejuicios y preconceptos y empiece a entender que en ese dejar hacer, se nos va la suerte de esta democracia y de esta patria, que se ha construido con mucha sangre y mucho esfuerzo propio y extranjero.