Andate a El Bermejo en julio y te vuelven los sabañones. Por más que a algunos les suene y a otros no, El Bermejo queda en Mendoza, a unos seis kilómetros hacia el sureste desde la Capital. Por acá entraban las carretas desde las lagunas de Guanacache.
—Vos sabés cómo es El Bermejo en julio, Tito. Cuando llega el invierno ni los calzones largos te alcanzan —dijo el Mateo mientras estiraba las manos hacia dos leñas que se quemaban en el brasero.
Tito se había levantado el cuello de la campera porque sentía un frío helado que le llegaba desde la puerta de madera. Chupó un trago del mate hasta que el ruido dijo basta. Se lo pasó a Mateo sintiendo que sus manos perdían el calorcito. El día se había empecinado en derramar una ventolera helada que bajaba de la cordillera y hacía flamear la cortina de la sala.
Cuando llega la boleta del gas te tiembla la mano; no sabés hasta ese momento que en una cifra pueden existir tantos números. Y salís a recorrer la Maure para encontrar algún tronco o rama tirada y darle de comer a la salamandra. Quién se hubiera imaginado que, por los Buenos Aires, los de traje y las de buenas faldas señalan que en Mendoza la Zona Fría la inventamos.
Puede ser que alguno o alguna no conozca, pero quienes nacieron acá, che… vamos. Y no fueron pocos: ocho diputados y diputadas de la provincia firmaron para sacarnos el subsidio.
Un alguito de pesos que nos ayuda a llegar al día diez del mes. Por qué no decretan que los meses sean más cortos, eso ayudaría. Se ve que la calefacción del Congreso genera olvido; la comodidad de las oficinas y las butacas mullidas les borra la memoria. Sin ponerse colorados, comentan con tono de sabelotodo que calentarse es un delito fiscal. El pueblo pasa de votantes a ser agresores de la Democracia.
—Es el progreso, Mateo —dijo el Tito cagándose de risa, tosiendo y tirándose para atrás en la silla—. Las multinacionales tienen que ganar, si no se deprimen y se les caen las acciones en la bolsa.
Y volvía a toser y a cagarse de risa de sus penas y de las de todos.
—Sueldos de diputados y senadores no se bajan, entonces no vas a pretender que un director de Ecogas baje la categoría del auto. ¿En qué país vivís, Mateo? -.
Mateo lo miraba con resignación mientras agarraba la pava del brasero y le cargaba más agua al mate. Los dos se miraban seguramente pensando en lo mismo. A los que tienen guita les cobran menos impuestos para que sean más ricos, para que no se lleven los dólares al exterior —que igual se los llevan—, y a nosotros nos facturan más porque ¡qué mierda nos vamos a llevar si no tenemos dónde caernos muertos!
Desde la ventana veían en la Maure una helada creciendo en los bordes de la acequia; justo cuando pasaba un cincuenta bramando, tres catas levantaron vuelo.
—Qué lo parió, Tito. Se me viene al bocho aquello que se decía: “Primero el Pueblo”. ¿Vos te acordás? Cómo cambió todo, che, ahora es primero las empresas y, si sobra algo, te tiran un hueso.
Dígame, ¿pa’ qué tenemos representantes?, dígame, ¿pa’ qué?