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REVISTA LA MOSQUITERA N° 176, EN UN NOVIEMBRE DE LUCHAS Y REBELDÍAS ETERNAS

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Luego de más de un año en el gobierno, y sintiéndose en la cima de su poder. Con los principales, grupos económicos, eclesiásticos y judiciales mostrando un claro apoyo, así como también una buena parte de la sociedad en consonancia, aunque sin saber del todo, lo que estaba sucediendo. El régimen militar ve aparecer una leve, mínima resistencia, de parte de las madres de muchas de las personas que han secuestrado clandestinamente, torturado, violado, vejado de todas las formas posibles para finalmente asesinarlas o como se iba a empezar a decir entonces, hacerlas “desaparecer”.

Este primer grupo inicial de lo que luego se conocerían como las Madres de Plaza de Mayo, deciden comenzar a reunirse en la iglesia de la Santa Cruz, sin sospechar que son espiadas, el gobierno militar decide infiltrar allí
al lamentablemente famoso Alfredo Astiz, luego conocido como “el angel de la muerte”, que toma nota de todo lo que ve y escucha. Y con un beso de despedida (el beso de la traición), el 9 de diciembre señala a quienes veía como las líderes de ese pequeño grupo de madres desesperadas por encontrar información sobre sus hijos. 12 personas serán secuestradas a partir de esa información, entre ellas las tres iniciadoras, las tres madres más activas, de ese grupo: María Eugenia Ponce de Blanco, Esther Ballestrino de Careaga y Azucena Villaflor de De Vicenti, que fueron trasladadas a un centro de torturas y luego ejecutadas.

Con esta acción, el gobierno militar entendió que terminaría con ese grupo de madres, que solo pedían información.
Cinco días después fue una entre las pocas que quedaban, Hebe de Bonafini, quién dijo, ¡si paramos acá, entonces no seguimos más! vamos del brazo y no paremos hasta que nos escuchen. Ese hecho fue fundamental para la continuidad
de lo que luego sería el movimiento de madres de plaza de mayo, y definió a Hebe como su futura líder, ya no Importa, nuestra muerte, importa la verdad.


Hebe empujó a ese grupo de madres para volverse valiente ante los poderosos, en el momento en que estos eran más poderosos, no hace falta aclarar que “eso” es ser valiente (y no otra cosa) desde entonces todos los jueves caminaron por la plaza, en plena dictadura, a pesar de los insultos de la gente que pasaba, el maltrato, la represión y el calabozo, no pudieron con ellas.

Lamentablemente el contexto de la muerte de Hebe, nos ha privado de homenajear como corresponde a quién lideró a uno de los movimientos qué más ha hecho por la democracia moderna de nuestro país. Le guste a quien le guste, o le pese a quién le pese. Larga Vida Hebe!!!

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