Nuestro presi, Don Javier Milei, se mandó una cadena nacional y avisó que presenta ante el Congreso un proyecto de ley para reformar la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Dice que el único objetivo es preservar el valor de la moneda. ¡Cómo don! ¿No era que nuestro peso era una mierda?
El Flaco Gómez manejaba maso la tablet que, por razones económicas, había reemplazado al diario de papel. Mientras le daba un sorbo al café, leía tratando de entender.
—Me suena que nos van a reventar —hablaba solo; ya nadie se lo bancaba. Lo imaginaba al Mingo Cavallo, que volvía disfrazado con peluca rizada. Otra vez contra el Banco Central, la misma historia del noventa y uno. Y así terminamos: corralito y trueque.
—¿Qué te pasa, Flaco? ¿Seguís con depre? —le dijo el Tere mientras arrimaba una silla. Era el único que lo soportaba.
—Huele a lo mismo, Tere, y vienen por más.
En los noventa, la Ley de Convertibilidad le prohibió al Central emitir pesos que no estuvieran respaldados por dólares en la reserva.
—¿Te acordás? Un peso igual a un dólar, el uno a uno. Así matarían la hiperinflación, pero también nos mató a todos.
El recuerdo era claro: no se podía emitir, la maquinita de pesos estaba engrillada.
—Y funcionó un tiempo. Felices quienes viajaban al exterior, todo les parecía barato; vivíamos en el primer mundo con dólares prestados —insistía el Flaco Gómez, y daba otro sorbo al café.
—Hasta que la realidad nos pasó por arriba —replicó el Tere, apuntándolo con el dedo—. Lo mismo quieren hacer ahora. No se puede vivir del mangazo, va a explotar todo. La Convertibilidad era una jaula de oro. Como el gobierno no podía emitir, empezó a pedir prestados dólares afuera para tapar el déficit fiscal. Y cuando se acabó el crédito externo, inventaron las cuasimonedas en las provincias y terminamos en el desastre del 2001, la gente en la calle y gente del pueblo muerta.
—La diferencia, Tere, es que Milei ahora quiere meter la prohibición por ley penal. Emitís y vas preso. Es la misma historia del inicio de este gobierno: si no llega a cubrir el gasto antes de entrar en déficit, bajan el gasto. ¿Cómo se baja el gasto? Fácil: menos jubilaciones, menos importaciones porque nadie vende, menos inversiones del Estado en obras y rutas, menos trabajadores estatales, menos salud pública, menos educación. Está claro, la soga se corta por el lado más débil: el pueblo.
En los noventa privatizaron todo para aguantar, vendieron “las joyas de la abuela”, así se decía. Y ahora es igual: venden nuestras tierras al exterior. Hasta puso una cláusula, se llama shutdown; significa que cierran el Estado si hay déficit. Con esta ley, si algo falla, hacen un apagón del gasto. Nadie cobra. Argentina a terapia intensiva. Ni un peso para las provincias, ni un adelanto para los municipios ahogados, ni una sola compra. A cagarnos de hambre.
—Entonces, Flaco, se vienen los Patacones, los Petrom, etcétera. Si va mal como ahora y desde el Gobierno nacional no ayudan porque no se puede emitir, todo se va al carajo. Vamos directo a las monedas provinciales y al trueque.
La propuesta de la ley es cuidar sólo el peso, ya no el empleo y el desarrollo del país con igualdad social, sumado a no poder emitir y que las autoridades que pongan hoy van a perdurar; si hay otro partido gobernando, se van a tener que bancar los que dejan desde este Gobierno. Parece todo a pedido del Fondo Monetario Internacional, que en realidad hoy está gobernando la Argentina y el que lo trajo nuevamente fue Mauricio Macri.
El Flaco y el Tere, después de tanto análisis, se quedaron mirando la mesa. La tablet se había apagado sola. No querían saber más.
La Argentina sería para pocos y, encima, cada vez menos de los argentinos. Perdón, San Martín; perdón, Belgrano.