HAY QUE SER BOBOS

Generosos o boludos. Ni uno ni lo otro: entregadores, esa es justo la palabra.

Los argentinos invitamos a morfar a casa a unos vagos muy pero muy ricos; ponemos el morfi, la bebida, la casa y hasta les pagamos el taxi para que lleguen. Se morfan todo, no pagan nada y se llevan la mesa, las sillas, los platos y los cubiertos. Encima nos enteramos de que, al otro día, nuestra casa, la Argentina, tiene un cartel de venta. Eso es el RIGI. Nos afanan y después venden los despojos.

Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI): bien pomposo el nombre, lástima que el negocio es siempre para los otros. ¿Vos no tenés para hacer una gran inversión? Ah… si no tenés un mango, aguantate la que viene. Dentro de cincuenta años no vivirás en el primer país del mundo, ni en el segundo ni en el tercero; y andá a saber si existe la Tierra para esas fechas. Donde vivirás vos, tus hijos o tus nietos, seguro no sabemos cómo se va a llamar. Seguro que Argentina no.

Las empresas que traigan verdes para agujerearnos la cordillera no van a derramar un mango para vos: se lo van a llevar todo.
Y si no, mirá:

  • les bajamos el Impuesto a las Ganancias del 35% al 25%
  • en tres añitos, las retenciones pasan a ser del 0%. Se llevan el oro, el litio y el cobre sin dejar un verde
  • también, después de los tres años, la liquidación de divisas —el 100% de los dólares— se va afuera

No dejan nada en la Argentina. El Banco Central ni los huele y, como le falta, a seguir pidiendo préstamos. Paraíso impositivo hasta el 2056. Los extractivistas pueden importar maquinaria usada sin pagar impuestos, pueden traer sus empleados y hasta casas ensamblables. Las pymes locales se van a tener que comprar motos para laburar en Pedidos Ya o un autito para Uber. Quioscos no, esos ya están fundidos.

Después de que pasen esos treinta años donde lograron hacer mierda el país, después de que se llevaron todo —siempre protegidos por nuestras leyes, que sacó el gobierno de Milei ayudado por partidos cómplices donde sus legisladores levantaron su manito para realizar la entrega—, después de que pase todo eso, la Argentina que conocimos alguna vez, por la que dieron su vida tantos y tantas patriotas, ya no existirá.

Para esos años, o antes, ya se habrán llevado el litio, habrán usado millones de litros de agua dulce que ya no tendremos, y a las comunidades locales les dejarán un folleto explicativo sobre lo lindo que es el progreso tecnológico. Y algún futuro presidente que esté prometerá que faltan otros cincuenta años para ser una potencia.
La esperanza en el reino de los cielos seguirá comiéndose la opinión y la queja de la gente. Todos pobres y felices. Todos individualistas, mirándonos a los ojos y pensando: “Yo creía que a mí nunca me iba a tocar”.

Cuando el prójimo sufre, siempre, siempre, te va a tocar a vos también.

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